Cuando todo va mal: ¿Qué hacer?

importancia

La vida es una constante de cambios. Y esos cambios unas veces son para bien y otras no tanto.

Todas hemos tenido alguna vez la sensación de que algo no va bien en nuestra vida; más bien que todo va mal. Problemas familiares, desequilibrio en la pareja, proyectos que no terminan de arrancar, algo no marcha en el trabajo, te surge algún gasto inesperado… Parece que los planetas han decidido alinearse con el objetivo de complicarte la vida para ver hasta dónde eres capaz de llegar, de resistir, de aguantar.

Es normal que en estos momentos te sientas mal, te agobies, incluso que sientas frustración. Y es en estos momentos donde lo fácil es dejarse arrastrar por la negatividad y el victimismo. Pero déjame decirte que siempre hay una salida, siempre hay algo que TÚ puedes hacer para mejorar tu situación, por mala o complicada que parezca.

¿Qué hacer cuando todo va mal?

Lo primero que debes saber es que sumirte en la negatividad y el victimismo no va a solucionar nada, ni te va a hacer sentir mejor. Así que, descarta esa opción.

Enfócate en lo bueno que hay en tu vida. Obviamente tampoco va a solucionar nada, pero sí te hará sentirte mejor, te motivará y te ayudará a ver las cosas desde otro ángulo, un poco más positivo.

Potencia todo aquello que te motive, que te haga sentir bien, que te provoque sentimientos y sensaciones positivas. Habla con una amiga, o con tu madre; lee, si te gusta leer; escucha música si te ayuda a relajarte; vete a la playa si allí te sientes en paz; practica cualquier deporte o actividad que te guste…

Evita ignorar los problemas. Afróntalos. Para hacerlo con la mayor fuerza, piensa en las dificultades como oportunidades para crecer, para aprender y para hacerte más fuerte.

Relativiza los problemas. Eso de que “todo va mal” es muy relativo. Realmente, va mal en comparación con qué…

Como decía al principio, la vida es un constante cambio. Y los malos momentos también cambian, pasan, se van y dejan espacio a nuevas cosas. Y realmente los problemas no son el verdadero problema, el problema radica en cómo los afrontamos. Ahí se esconde el secreto de salir derrotadas o reforzadas.

No te pares, mantente activa, aunque te cueste. Ello te ayudará a generar nuevas ideas, a ver y detectar mejor las oportunidades… Y es que a veces no encontramos solución porque no creemos que exista. Si pensamos que la hay, aparecerá.

Confía. Confía en ti, en tu fortaleza, en tu intuición… en “eso” que te hace sentir mejor, que te guía.

 

Aida.

Atraes lo que piensas

defectos

Todas nos hemos sentido inseguras en algún momento. Si no, que tire la primera piedra la que esté libre de inseguridad.

No es fácil sentirse totalmente segura en todos los ámbitos. Y es normal. Pero para cuando sentimos inseguridad, no viene mal saber cómo actuar, qué decirnos a nosotras mismas para que la inseguridad no se acabe convirtiendo en un problema.

Reconócelo

Cuando te sientas insegura, reconócelos. Y recuerda que es algo normal. Ser consciente de la situación y aceptarla te ayudará a controlarla y superarla.

Inseguridad no es sinónimo de debilidad

Recuérdate que eres fuerte aunque sientas inseguridad en determinadas situaciones o circunstancias. De esta manera no te dejarás arrastrar por la debilidad.

Es una buena oportunidad para dominar mi inseguridad

Cuando experimentes inseguridad y seas consciente de ello, ¡plántale cara! En lugar de verla como un problema, mírala como una motivación. Busca la manera de controlarla y dominarla, la fórmula para impedir que te hunda… ¡Gánale la batalla! Demuéstrale que tú eres más fuerte.

Pasa a la acción para reducir esa inseguridad

Muchas veces puedes hacer algo para acabar o por lo menos reducir la inseguridad. Quizá puedes aprender, formarte; quizá una clave radica en alejarte de personas tóxicas que solo ven lo negativo en ti; quizá puedes probar a jugar con tu mente, cuando piense en negativo, respóndele en positivo…

 

¡Planta cara a los desafíos!

adversidades

A lo largo de nuestra vida hemos tenido que hacer frente a muchos desafíos, esto es algo que todas tenemos en común. Y déjame decirte que aún quedan muchos desafíos por venir, continuamente aparecerán nuevos desafíos. De ti depende que esos desafíos se conviertan retos o pruebas a superar o, por el contrario, se transformen en problemas; depende de de ti y de la actitud con la que los afrontes.

Estoy segura que tu decisión es convertirlo en pruebas que vas a superar. Sabes que no será fácil, es probable que te surjan dudas… pero los puedes superar y los vas a superar. Para ello, lo importante es que descanse la vía fácil. Huir no debe ser una opción para ti. Además, sabes que cerrar los ojos al desafío no lo convertirá en una prueba superada; ignorarlo significa ponerte límites, infravalorarte. Y no es eso lo que vas a hacer.

La clave está en la actitud positiva. De nada sirve apelar a nuestra supuesta mala suerte a cada momento; eso no nos ayudará a superar nada y tampoco nos aportará nada bueno. En lugar de ello lo que debes hacer es mirar de frente cada obstáculo como una oportunidad para aprender algo nuevo.
Analiza de manera objetiva lo que está pasando, valóralo de una forma neutral, afronta y asume la responsabilidad y avanza en boca de soluciones. Solo así conocerás hasta donde lega tu capacidad de reacción ante los obstáculos.

Tómalo como un aprendizaje, porque te aseguro que cada piedra en el camino es una oportunidad para aprender y prepararte para ser capaz de hacer frente a cualquier situación que aparezca en tu vida.
No siempre tenemos la posibilidad de controlar lo que sucede a nuestro alrededor., pero la actitud con la que afrontamos lo que sucede sí es una decisión propia…

 

Afronta el reto con responsabilidad y lo superarás. Y una vez que eso ocurra, haz balance; este ejercicio te ayudará a analizar lo experimentado y extraer todo lo aprendido para sacarle partido.
Como dirían nuestras madres o abuelas, se trata de que aprendas la lección y luego te quedes con todo lo bueno que te ha enseñado esa experiencia para que hagas frente a la vida y nuevos retos con más sabiduría.

 

 

 

Aida.

Cómo actuar si nos sentimos culpables

constanciaOs propongo una serie de pasos que podemos aplicar para gestionar todas las emociones en general, pero que son especialmente útiles para la culpa, porque es una emoción de baja energía que nos pone en un estado de recogimiento. Éstos son:

 

SENTIR → PENSAR → DECIDIR

 

1. SENTIR:  Lo primero es permitirnos sentir la culpa, a solas, sin pensar que otro nos va a castigar o juzgar. Tenemos que entrar en ese estado tranquilo, de introspección, y dejar que salga el malestar, el dolor, la impotencia, todo lo que nos brote de dentro. En mi opinión, hay cierta belleza en ese contacto sincero con los sentimientos, cualesquiera que sean, y creo que esta imagen lo refleja muy bien:

 

2. PENSAR: Una vez que hayamos entrado en ese estado de ánimo íntimo y reflexivo, llega la hora de indagar en lo que ha sucedido. ¿Qué ha pasado o qué he hecho para sentirme culpable? ¿Hay prioridades que no estoy teniendo en cuenta, tengo que dejar de pensar y ponerme en marcha, me estoy exigiendo más de lo que humanamente puedo dar? En esta fase, se trata de comprender lo más ampliamente posible qué ha pasado, y si podemos aprender algo de ello. Sin ninguna duda, para mí la pregunta más importante para alguien que se siente culpable sería: ¿Qué información te trae la culpa?

 

3. DECIDIR: La culpa desaparece con el compromiso. Así de fácil (y de difícil). No hay ningún motivo para permanecer eternamente fustigándonos y culpándonos por todo lo que hacemos mal. Llega un momento en que hemos de tomar la decisión de hacer algo, por supuesto algo concreto, y no cosas como “voy a cambiar” o “esta será la última vez” o “no quiero seguir siendo así“.

 

Si me siento culpable por no seguir la dieta, está bien, la revisaré y mañana lo intentaré de nuevo. Si me siento culpable por gritar a mis empleados (además lo hago todos los días y no lo puedo controlar), tendré que valorar si necesito pedir ayuda a otra persona o ir a terapia. Si me siento culpable por pasar demasiadas horas en Facebook tendré que ver qué herramientas puedo utilizar para no tener la necesidad de abrirlo.

 

En definitiva, se trata de salir de ese bucle adictivo de “obro mal-me siento culpable, vuelvo a obrar mal-me siento más culpable” y encontrar formas más imaginativas de solventar la situación. Como dije al inicio, la culpabilización puede ser una excusa excelente para no avanzar porque, lamentablemente (y esto como coach lo he visto mucho, muchísimo):

 

A veces es más cómodo sentirse culpable que hacer ese gran cambio que necesitamos.  – ¡Twitea esto! 

 

¿Y ya está? ¿es tan fácil salir de la culpa?, te estarás preguntando. Bueeeeno… Pasar del paso 1 al paso 2 (vivir y entender qué nos trae la culpa) y del paso 2 al paso 3 (decidirnos a hacer algo) no es tan rápido. A veces nos lleva horas, en otros casos esto puede durar meses, o años. En muchas ocasiones, y ante la misma actividad, el ciclo de la culpa se repite periódicamente. En el fondo esto no está tan mal, nos sirve para ir afinando paulatinamente nuestra forma de actuar, hasta que lleguemos al punto que más nos conviene.

 

Y respecto al perdón, palabra que no he mencionado hasta ahora en todo el artículo… Para mí, y esto lo digo como opinión personal, uno llega a perdonarse verdaderamente a sí mismo cuando ha completado el círculo. No se me ocurre ninguna forma de forzarlo. Desde mi punto de vista, esa sensación de paz, de sentir que todo está bien, que las acciones inadecuadas han tenido un sentido, y que la culpa ya no enturbia nuestros días, es una consecuencia. No podemos perdonarnos a nosotros mismos si no nos enfrentamos a estos tres pasos que he descrito (sentir-comprender-actuar), y este perdón aparece después espontáneamente como un regalo, sin que tengamos que hacer nada especial.

 

Y vosotr@s, ¿qué pensáis sobre la culpa? ¿Tenéis estrategias particulares para lidiar con ella? ¿Algo de lo que habéis leído os ha llamado la atención ?  ¿Habéis experimentado alguna vez la enorme liberación de haberos perdonado por algo, después de mucho tiempo?

 

En definitiva, sentirse culpable no es en absoluto agradable, pero si dejamos de oponer resistencia a este sentimiento y admitimos que, como seres humanos, cometemos y cometeremos errores, la culpa puede ser un estupendo vehículo para cambiar ciertos comportamientos y crecer.

Divide y vencerás

constanciaSi te encuentras ante un proyecto en el que te superan las dificultas, o ante un trabajo que te termina absorbiendo, es posible que algo esté fallando en tu planificación.

Lo primero que debes grabar en tu mente es que no existe meta u objetivo que no pueda ser alcanzado. Eso sí, no siempre será posible de cualquier manera y, en la mayoría de los casos es muy importante el dividir ese objetivo en pequeñas acciones y tareas que puedas ir realizando, pequeñas metas que al ser alcanzadas y superadas, te ayuden a acercarte a tu objetivo.

En dividir está la clave. Y es no es nada nuevo, recordad que ya en el Imperio Romano, el emperador Julio César practicaba aquello de “divide y vencerás”.
Cuando tengas claro cuál es tu objetivo final, lo que debes hacer es trazar un camino con pequeñas metas a lo largo de él que te permitan ir alcanzándolas a corto, medio y largo plazo. De esta manera podrás elaborar un plan de acción, una guía de pequeñas acciones a llevar a cabo que te permitirán ir alcanzándote a esas pequeñas metas y, por consiguiente, al fin último.

Esto de dividir en sub-tareas o sub-acciones no es gratuito, sino que te permitirá ahorrar tiempo, economizar tu energía y reforzando, a medida que vas consiguiendo pequeños logros, tu motivación.

Y es que cuando tratamos de alcanzar un objetivo a través de un único plazo, llegando directamente al final, se pueden presentar dificultades como la postergación, el asombro de un objetivo lejano o de gran magnitud nos puede impulsar a postergar la lucha por lograrlo; o en un caso aún peor, acabar abandonando la lucha; y posiblemente sintiéndonos insatisfechas, generando malestar, desmotivación, e incluso bajando nuestra autoestima.

Si te encuentras ante un caso así, debes saber que en ningún caso tu objetivo o tu sueño es demasiado grande. Si las cosas no marchan y avanzas hacia tu meta, es probable que no lo estés enfocando de la manera adecuada.
Analiza el enfoque que estás dando a tu proyecto y, si requiere de pasos demasiado grandes, acórtalos.

¡Divide y vencerás!

 

 

Aida.

Procrastinar de manera productiva

procrastinarLa sobre información a la que estamos expuestos en este mundo conectado a internet en el que vivimos, puede llevarnos a confusión en algunos cosas. Uno de ellos es la procrastinación.

Procrastinar significa diferir o aplazar. Sin embargo, la inmensa cantidad de contenido relacionado con este tema, a más de uno le ha llevado a asociar el procrastinar con la distracción o el perder el tiempo, por ejemplo. Así que, a través del post de hoy rompo una lanza a favor de la procrastinación, que no es otra cosa que aplazar tareas que se deben hacer en el momento en favor de otras cosas más fáciles o que nos resultan más cómodas.

A priori, alzar lo que tenemos que hacer por algo más fácil no parece muy positivo, sino más bien lo contrario. Sin embargo, si buscamos el equilibrio, podemos lograr pasar la procrastinación a positivo e incluso, puede llegar a hacernos más productivas.

Desmontando mitos acerca de la procrastinación

Afecta negativamente la gestión del tiempo

Por muchos artículos y consejos que encontremos en internet para lograrlo, el tiempo no se puede gestionar y el motivo es porque sencillamente no se puede controlar. Lo qué si podemos hacer es gestionarnos a nosotros mismos para encajar en el tiempo de la manera que nos conviene. Y esto es lo que debemos hacer de manera efectiva.

 La tecnología propicia la procrastinación

Siempre que escucho a alguien decir “es por la tecnología” repito lo mismo: no es la tecnología, es el abuso de ella. Como decían nuestras abuelas “nada en exceso es bueno” (la tecnología tampoco).

Pasando la procrastinación a positivo

Cosas que a priori nos pueden ser negativas (como aburrirnos, distraernos o procrastinar, entre otras), en realidad son beneficiosas para nuestra mente y salud, porque contribuyen a que nuestro cerebro funcione mejor.

En su justa medida, el aburrimiento, la distracción y la procrastinación nos permiten comprender mejor las decisiones que tomamos, aprender de una forma más rápida y fluida, potencian nuestra creatividad, etc.

Se me ocurren algunas situaciones en las que procrastinar os puede ayudar a bajar los niveles de estrés y retomar las tareas con más fuerza y de una forma más productiva:

Cuando el estrés te está superando

Tener demasiadas cosas que hacer o tareas pendientes nos empuja a la improductividad. Por ello, cuando comenzamos a dar vueltas sin avanzar parar y hacer el vago un rato nos puede ayudar a desconectar por un momento, recargar las pilas y regresar con más motivación y foco.
Pasear, hacer ejercicio físico o realizar cualquier actividad que te guste son opciones ideales.

Cuando la inspiración te ha abandonado

Especialmente para las que tienen trabajos en los que la creatividad es fundamental, esto suele ser un gran problema.
Lo importante es no desesperar, y si no logras que llegue esa inspiración, túmbate en una hamaca, ponte cómoda, escucha música que te relaje, sal y respira aire fresco…

Cuando tu pareja  pide más tiempo contigo

Dejando un poco el ámbito laboral a un lado, a todas nos ha pasado alguna vez que absorbidas por el sinfín de tareas diarias, de repente nos encontramos ante una pareja que reclama un poco de tiempo. Posponer o aplazar tareas personales en pro de la relación es una manera perfecta para desconectar a la vez que disfrutamos y afianzamos la relación.

Por supuesto, hay muchas otras situaciones que nos permiten pasar la procrastinación a positivo… 😉

 

 

Aida.

¿Quién está libre de duelo?

tempestadesEl duelo, aunque es habitual asociarlo a un fallecimiento, puede originarse por diversos motivos (circunstancias profesionales, circunstancias personales, etc.)  lo cierto es que se trata de una experiencia producida por una reacción ante una pérdida, que puede ser real o imaginaria, y que incluye reacciones físicas, psicológicas y sociales de diferente magnitud.
El duelo no se produce solo ante una pérdida, sino que también puede ser provocado por una crisis o cambio.

Ante la gran variedad de causas que pueden provocar un proceso de duelo, es importante detectar la situación y trabajar para mejorarla y evitar que se convierta en un duelo patológico. La confianza se puede debilitar en un proceso de duelo, nos volvemos más vulnerables, pueden aparecer creencias limitantes, es frecuente en personas que pasan por un proceso de duelo que tiendan a idealizar el pasado, etc. Todo ello debe ser tratado de la manera correcta… y para ello, a veces, el acompañamiento y trabajo de un coach, resulta muy importante para superar esta etapa por la que todos, en algún momento pasamos.

Las etapas del duelo

Las etapas del duelo, identificadas por primera vez por la psiquiatra Kübler-Ross, se dividen en tres fases que tienen una duración diferente en función de cada persona: la primera es la fase de la negación, la segunda es la fase del enfado, y la tercera es la fase de la aceptación.

Fase de la negación

En esta fase, la persona no acepta la pérdida, la crisis o el cambio.

Es importante entonces un trabajo que ayude a desbloquear la emoción para poder alcanzar el resto de etapas del duelo.

Fase del enfado

En esta fase aparece la rabia, quizá sentimientos de impotencia, descontento… que normalmente llevan a un sentimiento de culpabilidad.

Es importante en esta fase analizar muy bien las creencias limitantes de la persona.

Posteriormente a toda esa rabia y sentimiento de culpabilidad, es frecuente la aparición del sentimiento de tristeza. Se trata de una emoción inevitable y  necesaria, ya que la tristeza es la emoción que más nos conecta con la lucidez.

Fase de aceptación

En esta fase se aprecia un gran cambio dentro del proceso de duelo, ya que la persona cambia su visión o la perspectiva y comienza a dejar de sentirse identificada con la pérdida y simplemente la asume.

Es aquí donde un trabajo transformacional, que permita rescatar el aprendizaje de la experiencia y las fortalezas aprendidas con ella  que pueden ser de gran utilizadad en experiencias futuras.

Cómo enfrentarte a personas tóxicas

ser felizTodos nos hemos visto en algún momento, rodeados de alguna persona tóxica. En algún momento de nuestras vidas todos hemos tenido al lado alguien que nos ha querido frenar, que nos ha repetido continuamente que no es el momento, que ha insistido en recordarnos que la situación está muy mal o que perderemos nuestro tiempo y nuestro dinero si intentamos luchar por ese sueño que tenemos pendiente alcanzar.

Cuando hablamos de personas tóxicas hablamos de personas con muy diversos disfraces (unas adoptan el papel de víctimas, otras parecen indiferentes, otras desbordan prepotencia, las hay que se cubren de ironía, algunas fingen querer lo mejor para ti…). Esto hace que muchas veces no sea tarea fácil identificarlas. Sin embargo, aunque no siempre es fácil reconocerlas, sí cuentan con algunas características en común que pueden ayudarnos o darnos algunas pistas:

Lo importante siempre son ellos mismos

las personas tóxicas no muestran excesivo interés por los demás, por lo que les ocurre, lo que les preocupa, lo que les pasa, ni siquiera por lo que les cuentan… ellos siempre tienen algo mejor que decir, algo más importante que les ha pasado o algo más brillante que se les ha ocurrido.

El victimismo es su mejor arma

Son expertos del drama y tienen una capacidad sobrenatural para hacer de cualquier cosa un problema. Cualquier conversación es susceptible de acabar en lo mal que lo han pasado en la vida, lo mal que les va…

Negativas y soberbias

Su negatividad y habilidad para ver todo oscuro es capaz de saturar a cualquiera, pero a ello se le suele unir un componente soberbio. Y es precisamente esa soberbia una de las características que más en evidencia puede poner que se trata de personas realmente tóxicas.

Son incapaces de alegrarse por algo positivo

La negatividad y envidia que les invade y no controlan les impide alegrarse y disfrutar por nada positivo, mucho menos por el bien de otras personas.

 

Existen muchas otras características, pero estas son, probablemente, las que con mayor claridad se pueden percibir.
Uno de los principales problemas de tener este tipo de personas cerca es que nos acaban consumiendo la energía, por ello, lo mejor es, siempre que sea posible, poner distancia. Y si no es posible, trata de no escucharles cada vez que tratan de decirte que no puedes, que no es el momento o que va a salir mal. Si les prestas atención, acabarán limitándote.

 

 

Aida.

Eres lo que dices

felicidadLas palabras tienen un poder del que, en muchos casos, no somos conscientes. Tan grande es el poder de las palabras que son capaces de construir realidades.

Palabras y emociones son dos cosas intrínsecamente ligadas. Por un lado, las palabras son capaces de influir en nuestros estados emocionales; por otro lado, las utilizamos para dar sentido e interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor.

Cada persona cuenta con su propio mapa de creencias y convicciones, algunas de esas creencias las hemos adoptado de manera consciente, otras no. Y es ese mapa el que nos permite tener un visión muy particular de la vida, las personas y lo que ocurre a nuestro alrededor.
Eso sí, siempre podemos modificar nuestra manera de ver la vida. Si en algún momento lo negativo nos nubla, siempre tendremos la posibilidad de dirigir nuestro foco a cosas positivas y para ello, también debemos hablar en positivo.

Busca palabras alegres, positivas, motivadoras, ilusiones… y díselas a los demás y también a ti misma.
Hay una diferencia abismal entre decirte a ti misma que no puedes hacer algo y decirte que vas a aprender a hacerlo. Como decía al principio, las palabras provocan impacto en nuestras emociones; por ello, si te repites que no puedes, no podrás, si te dices que puedes, lo harás. No lo dudes.

Comienza a sustituir palabras como imposible o peligroso por complicado o arriesgado. Ese pequeño matiz puede cambiarlo todo, incluida tu realidad.

Busca las palabras adecuadas y utilízalas a conciencia para mejorar tu motivación, estado de ánimo, autoestima… y también de los que se encuentran a tu alrededor.

 

Aida.

Cosas que nos roban la energía

energíasLa rutina, el trabajo, los problemas, las cosas por hacer… Todas hemos sentido alguna vez que nos sobrepasan los pendientes, que el tiempo no es suficiente y cómo, poco a poco, la energía se va reduciendo.

Hablamos con frecuencia de lo que nos roba tiempo, pero no prestamos tanta atención a aquellas cosas que nos van robando la energía. Sin embargo, lo cierto es que, nuestra energía, como nuestro tiempo, es limitada. Cada mañana comenzamos con una cantidad de energía y debemos distribuirla de la manera correcta e invertir las cantidades justas en cada cosa. Sin embargo, muchas veces la energía se agota antes de que acabe el día; y de paso acabamos nosotras también agotadas.

¿Te has preguntado alguna vez adónde se van todas las ganas, la fuerza, la predisposición que tenías solo unas horas antes? Solemos achacarlo al exceso de trabajo, y en ocasiones puede ser, pero en muchos otros casos son hábitos y actitudes que tenemos o hemos adquirido sin darnos cuenta los que van absorbiendo poco a poco toda nuestra energía. Y algunos de esos hábitos o actitudes más frecuentes son:

Instalarte en la queja

Quejarnos cuando algo no sale bien o como esperábamos o deseábamos es humano y hasta diría que necesario. Ahora bien, una cosa es comentarlo o hablarlo y otra mu diferente darle vueltas continuamente a lo mismo. Adoptar la que queja como compañera durante el día no solo acabará consumiendo tu energía, sino afectando tu actitud y tu humor.

El desorden

El desorden nos roba tiempo, nos distrae… Tanto a nivel personal como profesional, vivir en medio de un caos es sinónimo de inestabilidad y falta de enfoque. Y todo ello también acaba robándonos la energía.

Revisa todos tus objetos y deshazte de lo que ya no utilizas, lo que no sirve. Y en el trabajo, exactamente igual, revisa tus papeles, tus emails, haz una limpieza profunda en todas aquellas herramientas con las que trabajas a diario y ponlas en orden.

Abre espacio a lo nuevo…

Pensar en demasiadas cosas

Obligarnos a recordar las mill y una cosas que tenemos que hacer durante el día es otra forma de gastar energías que podríamos reservar para cosas más importantes, interesantes o productivas.
Estar dándole vueltas a pequeñas cosas a lo largo del día acaba desgastándonos, cuando en realidad un simple registro de actividades pendientes nos permite liberar a nuestra mente de una presión innecesaria.

Luchar contra cosas que dependen de otros

Cuando algo no depende de nosotras, resistirnos, darle vueltas, dedicarle tiempo y luchar contra ello solo nos quitará energía y, en ocasiones, hasta nos acabará generando una frustración que puede llevar a males mayores.

No quiero decir con esto que debemos ser conformistas o resignarnos siempre, pero si no está en nuestra mano cambiarlo, es mejor aceptarlo.

No desconectar (o no hacerlo lo suficiente)

Este es otro de esos errores que cometemos casi por inercia y, desde luego, no nos ayudan en nada. En muchas ocasiones es mejor parar y desconectar que mantenernos en la idea de acabar algo cuando estamos saturadas.

Olvidamos con demasiada frecuencia que nuestro principal activo somos nosotras mismas y que si no nos cuidamos lo suficiente, desconectamos lo suficiente, dormimos lo suficiente… al final, nuestro cuerpo y nuestra mente nos acabarán pasando factura.

 

Te animo a identificar cada una de estas situaciones y tratar de corregirlas. Te aseguro que notarás cómo tu energía te permite mucho más 😉

Aida.