Cómo enfrentarte a personas tóxicas

ser felizTodos nos hemos visto en algún momento, rodeados de alguna persona tóxica. En algún momento de nuestras vidas todos hemos tenido al lado alguien que nos ha querido frenar, que nos ha repetido continuamente que no es el momento, que ha insistido en recordarnos que la situación está muy mal o que perderemos nuestro tiempo y nuestro dinero si intentamos luchar por ese sueño que tenemos pendiente alcanzar.

Cuando hablamos de personas tóxicas hablamos de personas con muy diversos disfraces (unas adoptan el papel de víctimas, otras parecen indiferentes, otras desbordan prepotencia, las hay que se cubren de ironía, algunas fingen querer lo mejor para ti…). Esto hace que muchas veces no sea tarea fácil identificarlas. Sin embargo, aunque no siempre es fácil reconocerlas, sí cuentan con algunas características en común que pueden ayudarnos o darnos algunas pistas:

Lo importante siempre son ellos mismos

las personas tóxicas no muestran excesivo interés por los demás, por lo que les ocurre, lo que les preocupa, lo que les pasa, ni siquiera por lo que les cuentan… ellos siempre tienen algo mejor que decir, algo más importante que les ha pasado o algo más brillante que se les ha ocurrido.

El victimismo es su mejor arma

Son expertos del drama y tienen una capacidad sobrenatural para hacer de cualquier cosa un problema. Cualquier conversación es susceptible de acabar en lo mal que lo han pasado en la vida, lo mal que les va…

Negativas y soberbias

Su negatividad y habilidad para ver todo oscuro es capaz de saturar a cualquiera, pero a ello se le suele unir un componente soberbio. Y es precisamente esa soberbia una de las características que más en evidencia puede poner que se trata de personas realmente tóxicas.

Son incapaces de alegrarse por algo positivo

La negatividad y envidia que les invade y no controlan les impide alegrarse y disfrutar por nada positivo, mucho menos por el bien de otras personas.

 

Existen muchas otras características, pero estas son, probablemente, las que con mayor claridad se pueden percibir.
Uno de los principales problemas de tener este tipo de personas cerca es que nos acaban consumiendo la energía, por ello, lo mejor es, siempre que sea posible, poner distancia. Y si no es posible, trata de no escucharles cada vez que tratan de decirte que no puedes, que no es el momento o que va a salir mal. Si les prestas atención, acabarán limitándote.

 

 

Aida.

¡Ni una excusa más!

imposibleMuchas veces, incluso sabiendo muy bien hacia dónde nos queremos dirigir y cuáles son los pasos que debemos dar para llegar, no encontramos en nosotros un aliado. Las excusas son la principal barrera que nos separa de nuestras metas. ¿Por qué nos ponemos excusas? Lo cierto es que podríamos plantear muchas hipótesis: comodidad, miedos, hábitos… Sin embargo, más que el por qué, me interesa hablar de cómo podemos acabar con esa tendencia a autoboicotear nuestros propios propósitos.

En esta ocasión recurro a la PNL (programación neurolingüística) para plantearos algunas técnicas que os pueden ser de mucha ayuda en este sentido):

Haz una lista de tus objetivos

Una vez que tienes claro tu objetivo, realiza una lista de todo lo que quieres obtener. Eso sí, ten en cuenta que tus objetivos deben estar bien definidos, ser realistas y medibles.
Te aseguro que es mucho más complicado abandonar la lucha por conseguir tus propósitos cuando cuentas con una motivación fuerte y claro el que cómo y para qué quieres lograrlo.

Elabora un plan de acción

Con tus objetivos impresos en tu cabeza y también en el papel, es momento de elaborar un plan que te permita ir dando pasos hacia tu meta. Este plan lo debes realizar mentalmente y, a ser posible, también escribirlo. Des esta manera puedes ponerle fecha a cada una de esas acciones e ir tachando tus pequeños logros a medida que los vayas consiguiendo.

Crea sensaciones negativas

Crea imágenes que generen sensaciones que te desagraden y se encuentren lejos a tus metas. La idea es crear un impacto al ver imágenes que NO quieres para ti, para tu vida y para tu futuro. Y cada vez que vayas a hacer algo que te aleje de tus objetivos, asegúrate de llevar a tu mente esas imágenes.

Si tu objetivo es lograr una rutina en la que practiques deporte a menudo y lleves una alimentación sana, imagínate con algunos kilos de más, por ejemplo.

Crea sensaciones positivas

Y también justo lo contrario a lo anterior… Intenta crear imágenes positivas en relación a tus objetivos. Imagínate un futuro en el que hayas logrado tus metas.

 

Estas técnicas, sencillas y a la vez muy efectivas, pueden ayudarte a poner el foco en lo que quieres e impulsarte a conseguirlo.

Sé que no es fácil. Nadie ha dicho que lo sea, pero sí es posible. Comienza por pequeñas cosas, poco a poco, a medida que vayas consiguiendo lo que te propones, irá aumentando la confianza en ti misma y tu autoestima, lo que te permitirá ir a por nuevos retos.

 

 

Aida.

¡Me quiero!

amor verdaderoEn muchas ocasiones, nos resulta más fácil ponernos frente a otra persona y decirle lo mucho que la queremos que hacer el mismo ejercicio con nosotras mismas. Nos cuesta mirarnos a los ojos y pronunciar las dos palabras mágicas: ¡Me quiero!
Y digo mágicas porque estas dos palabras tan simples, aunque cargadas de complejidad, tienen el poder de actuar como varita mágica capaz de hacer que muchos problemas se esfumen.

Los coachs trabajamos mucho con las autoafirmaciones como potente herramienta para transformar creencias y convicciones limitantes en una vía para lograr resultados…

Mírate al espejo siempre que tengas un momento y la posibilidad, mírate a los ojos y recuérdate lo mucho que te quieres. Verbalízalo y escúchate atentamente cada vez que te digas: ¡Me quiero!

Dicen los expertos que son 21 días, como mínimo, los que se precisan para crear un hábito. Yo te propongo que introduzcas un nuevo hábito en tu rutina: que te digas a ti misma, al menos una vez al día, que te quieres y te aceptas.
Y a ser posible, cada vez que aparezca un pensamiento negativo o pesimista sobre ti misma, automáticamente di la frase mágica: ¡me quiero! Me quiero y me acepto.

Pero no se trata sólo de decírtelo, se trata de que te escuches, de que te pares por un segundo a comprobar lo que sientes y eres capaz de experimentar cuando te dices convencida que te quieres.

Es posible que estas frases o palabras concretas no encajen totalmente contigo. Es normal, no todas somos iguales, ni tenemos la misma personalidad. Si lo crees necesario, cambia las palabras o formula otras frases que encajen más contigo, pero siempre con el mismo fondo, el contenido debe ser el mismo, siempre en sentido positivo y, sobre todo, debes tener en cuenta que esas frases sean en tiempo presente.

Quizá en un principio no te sientas del todo cómoda con este ejercicio que te propongo, es totalmente normal, se trata de algo nuevo y a lo que no estás acostumbrada. Y es también muy probable que aparezca en ti el escepticismo y pienses cuando te dices estas frases que no cambiarán nada. Ante esto, trata de mantenerte firme y convencerte de que sí te ayudarán a construir una mejor imagen de ti misma, a reforzar tu autoestima, a construir una sólida base de valoración personal que, con el tiempo, te permitirá enfrentarte con muchísima más fuerza a todos los objetivos y metas que te marques, a tus sueños y cada reto que se te presente.

 

No es fácil. Nadie ha dicho que lo sea. Sin embargo, te aseguro que es una práctica que, una vez convertida en hábito, contribuirá a reforzar tu autoestima, a fortalecer la imagen que tienes de ti misma y a que te valores más, lo suficiente para estar siempre dispuesta a luchar por todo aquello que quieres.

¿Preparada para incluir un “¡me quiero!” en cada día?

 

 

Aida.

 

Cuando las críticas te paralizan

criticas A todas nos gusta causar buena impresión, caer bien a todo el mundo. Y seguramente todas coincidimos en que no nos gustan las críticas, especialmente las negativas. Ahora bien, una cosa es lo que nos gusta y otra muy diferente que lo que no nos gusta nos acabe paralizando.

El miedo al qué dirán y a las críticas es muy habitual y suele aparecer cuando queremos hacer algo en nuestra vida que es muy diferente a lo que venimos haciendo hasta el momento.
Pero existe otro miedo al qué dirán del que no se habla tanto… y es el miedo al qué dirán si las cosas no salen bien. Pánico a esos “ya te lo había dicho yo”, “se veía venir”, “quién se le ocurre”, etc.

¿Con cuál te identificas?

 

Muchas son las personas que tienen la capacidad de tomarse las críticas como una motivación. Sin duda, es de admirar cuando vemos a una persona capaz de absorber las críticas y decir internamente “te vas a enterar. Anda que me vas a decir tú a mí de lo que soy o no soy capaz. Verás…”.
Pero también son muchas las que no tienen esta capacidad por naturaleza de hacer frente así a las críticas y las invade el miedo. Si es tu caso, debes saber que puedes actuar para evitarlo y convertir ese miedo en la admirable motivación de la que hablaba:

  1. Por un motivo u otro, siempre te van a criticar. Y muchas son las personas tóxicas que andan por ahí fuera dispuestas a decirte que “tú no puedes” con las que te puedes cruzar. Cada vez que alguien te diga que no puedes o te haga cualquier otro comentario negativo recuérdate a ti misma “eso es lo que él/ella piensa”.
  2. Detrás de un miedo incontrolable a las críticas suele haber un problema de autoestima y de seguridad. Si es tu caso, busca ayuda en este tema, indirectamente también te ayudará a superar ese miedo a lo que los demás pueden decir o pensar.
  3. Procura mantener lejos o al menos mantener cierta distancia con personas tóxicas cargadas de negatividad y la necesidad de criticar y malmeter. Aleja a este tipo de personas y quédate con las que realizan críticas constructivas, las que te retan y te ayudan a crecer.
  4. Procura ser justa contigo misma y dar en todo momento la importancia a quien merece. No dejes que todo lo que dicen te afecte por igual; ya que no todo el mundo te conoce, no todo el mundo hablará u opinará con la misma intención. Escucha y quédate con las críticas de los que te conocen, los que saben de lo que hablan al opinar.

 

Críticas siempre van a haber, siempre te vas a tener que enfrentar a ellas. Y no se trata de enfrentarse con una actitud a la defensiva o en tono prepotente; no. Se trata de recoger la parte positiva de las opiniones de personas que pueden ayudarte a abrir los ojos ante cosas o detalles que no habías visto o valorado, pero sin dejar que ello te paralice.

 

Vida solo hay una y es demasiado corta para vivirla al son que tocan otros…

 

Aida.

 

 

Tu postura corporal condiciona tu salud mental y tus emociones

progresa-coachingHemos adquirido la idea de que cuerpo y mente son dos cosas diferentes y separadas, quizá influenciados por aquel tratado de René Descartes, que los separaba… Pero lo cierto es que esta idea, se encuentra muy lejos de la realidad y lleva a muchas personas a enfrentarse a dificultades en su día a día.

La postura corporal puede influir de manera directa en la la salud mental y emocional de una persona.

Teniendo en cuenta lo anterior, parece fácil, entonces, mejorar nuestra salud mental y el estado de nuestras emociones. Sin embargo, no lo es tanto, ya que si contamos con una postura corporal incorrecta, probablemente nos hemos acostumbrado a ella… y para modificarla debemos entrenar y reeducar nuestro cuerpo.

¿Te has fijado que cuando estás cansada tu cuerpo lo refleja? No importa si tu cansancio es físico o mental, tu cuerpo acaba actuando como un espejo de ese cansancio. Pero no sólo eso, sino que tu cuerpo también es capaz de reflejar tus emociones… se puede ver cuando estás triste, cuando estás contenta o cuando estás eufórica.
Trato de hacerte ver con esto que cuerpo y mente están conectados y que existe una relación congruente. Por tanto, puedes influir en tus pensamientos y emociones a través de tu cuerpo.

Cuando nos vemos mejor, nos sentimos también mejor y eso repercute de manera directa en nuestra confianza y autoestima.

Si tienes algo de inseguridad en ti misma, te recomiendo que comiences por tratar de corregir tu postura corporal. No será fácil, pero con el tiempo lograrás corregir las malas posturas y modificar por completo tu imagen.
Comienza por algo tan simple como corregir tu postura al estar sentada. No importan dónde o con quién estés, trata de mantener en todo momento una postura correcta. Con el tiempo no necesitarás pensarlo y la adoptarás como natural. Incluso, puedes ponerte frente a un espejo y comprobar tú misma cómo te sientes y te ves mejor…

Levanta el mentón, mantén la espalda recta, corrige la posición de los hombros…
Parecen detalles muy simples. Y lo son. Sin embargo, son muchas las mujeres que tienden a adoptar una postura encorvada y escondiendo el pecho… Este tipo de posturas sólo generan inseguridad.
Comienza a corregir estos pequeños detalles y será cuestión de poco tiempo que comiences a notar también un gran cambio en tus emociones y pensamientos.

 

Y recuerda, para llegar a la meta es preciso dar el primer paso. Y hoy es un buen día para comenzar 😉

 

Aida.

 

Aprende a tomar decisiones y mejorará tu autoestima

tomar decisionesLa toma de decisiones es algo que a muchas personas le resulta complicado, incluso muchas personas intentan evitarlo. Y aunque, en demasiadas ocasiones de manera inconsciente, esto puede llevar a una pérdida de autoestima, agravar estados de ansiedad, etc.

Si te sientes identificada y notas que te cuesta mucho tomar decisiones, toma nota, intentaré darte algunas pautas y recomendaciones que te ayuden a la hora de tomar decisiones y, por consiguiente, te ayudarán también a mejorar o reforzar tu autoestima.

Nos guste o no, la vida nos exige decisiones que no podremos evadir. Al final, tarde o temprano, esas decisiones las tendremos que tomar; y postergar o evadir esa responsabilidad, no te ayudará, al contrario, sólo servirá para alimentar tu falta de autoestima y aumentar tu estrés.

Como medida para comenzar a solventarlo, te propongo:

Valora la importancia de la decisión

Antes de tomar una decisión o de comenzar a agobiarte porque debes tomar una decisión, pregúntate cuál o cuales pueden ser las consecuencias de no tomar esa decisión.

Si las consecuencias no son importantes, puedes tomar una decisión rápida, no merece la pena que te agobies en exceso, ni que te compliques la vida.
Ahora bien, si las consecuencias son palabras mayores y pueden suponer un perjuicio importante, entonces no te apresures, tómate el tiempo que necesites y valora bien todas las posibilidades y alternativas.

Busca información y opiniones al respecto

Infórmate muy bien de todos los aspectos de la cuestión. Antes de pasar a la acción debes conocer hasta el mínimo detalle.

Y si es necesario, busca y acepta opiniones de otras personas. Ten en cuenta que es posible que la otra person haya pasado una situación similar y su experiencia podría abrirte la mente. Eso sí, acepta opiniones y tómalas como referencia, pero no dejes que influyan en tu decisión final.

Escribe

Escribe o anota tus ideas, tus opiniones, tus dudas, las posibilidades y alternativas, el porqué de tu decisión… Plasmarlo todo en un papel es de gran ayuda. Y es que, una vez lo tengas todo en el papel puedes elaborar una lista estableciendo prioridades; incluso puedes crear una lista de posibles decisiones que también podrás ordenar, en función de las que más hasta las que menos te convencen.

Sé consecuente

Una vez que tomes una decisión, céntrate en ella y no pierdas tiempo ni energías pensando en otras alternativas. La decisión ya está tomada, ya no es tiempo de mirar atrás, sólo de mirar al frente…

 

Espero que estos 4 pasos que te propongo a la hora de enfrentarte a una decisión te ayuden a mejorar o al menos te sirvan como referencia a la hora de ordenar tus pensamientos, ideas y prioridades.

recuerda que la peor decisión que puedes tomar es no tomar una decisión. ¡Pasa a la acción!

 

Aida.

La importancia de decir NO

no

Existe una tendencia casi inconsciente a querer borrar del vocabulario de los niños, desde que son muy pequeños, la palabra NO, por ser entendida como una palabra negativa e incluso, en muchos casos, asociada a la mala educación. Se tiende a pensar que educar a un niño evitando que diga “no” o “no quiero”, es educarlo en lo correcto… Pero lo cierto es que no hay nada más lejos de la realidad y esta vía sólo lo lleva a la sumisión.

Por lo general nos marcan, desde muy pequeños, pautas sociales que nos empujan a olvidarnos de nosotros mismos, de lo que realmente queremos y de lo que no queremos. Y aunque a priori puede no parecer grave, esto puede derivar en una posterior falta de autoestima que puede acabar marcando nuestra vida.

Siempre insisto en la importancia de entender, nosotros como adultos, y hacer entender a los niños, como responsables de ellos, de la importancia de saber decir no. Y es que, lo que realmente puede acarrear gravísimos problemas es decir sí cuando en realidad queremos decir no.

Nos se trata de decir siempre no. Lo cierto es que, nos guste o no, siempre hay momentos, ocasiones o circunstancias antes las que no es posible una negativa. En estos casos, aunque no podamos recurrir al no, sí podemos manifestar o expresar que no nos gusta o que no estamos de acuerdo.

Si nos paramos a pensar, a todas nos ha pasado alguna vez que hemos tenido la oportunidad de comprobar que cuando se trata de personas muy cercanas, como nuestra familia o pareja, no resulta tan difícil decir no. Sin embargo, muy diferente es la cosa cuando se trata de decir no en nuestro entorno laboral, a nuestro jefe, por ejemplo, cuando nos pide que realicemos tareas que no nos corresponden o que hagamos horas extra.

En ocasiones incluso, debido a no ser realmente conscientes de las grandísimas dificultades que puede conllevar un sí que esconde un no, decimos sí de manera automática.

No olvidemos que decir no es un derecho que tenemos todos y que debemos ejercer cuando sea necesario. E igualmente que debemos entender ese derecho a decir no, debemos comprender y aceptar que los demás también nos pueden decir no alguna vez.

Pero, ¿qué nos lleva a decir sí cuando en realidad queremos decir no? Pues el miedo: miedo a no ser aceptados, al rechazo, a perder el empleo, a lo que piensen los demás…

La solución pasa por romper de una vez por todas con la idea de que decir no es algo malo. No somos peores personas por decir no. Sin embargo, decir sí cuando en realidad queremos decir no hace que nosotras mismas ataquemos a nuestra autoestima y potenciemos nuestras inseguridades.

Debemos aceptar que es prácticamente imposible caer bien y ser del agrado de todo el mundo, además de ser una carga emocional realmente pesada. Y aunque desde pequeñas nos hayan enseñado a nunca decir no, podemos desaprender para aprender lo correcto: decir no cuando realmente lo creamos oportuno.

No se trata de decir no imponiendo nuestra voluntad, se trata de hacer saber nuestra postura, nuestra oposición o nuestro desacuerdo. Y para que comenzar a a prender a decir no, sólo tenemos que tener en cuenta dos aspectos básicos: el primero, que la empatía juega un papel fundamental, para que otra persona no reciba un no como algo negativo, debemos decirlo de manera que sepa que entendemos su postura o situación, con amabilidad, y explicando por qué no podemos complacerle sin excusas ni justificaciones; la segunda, es entender que entre el blanco y el negro existe una inmensa gama de grises y no se trata de decir un no rotundo, si existen alternativas, siempre puedes buscarlas y ofrecerlas.

Lo cierto es que, aprender a decir no no es un tarea sencilla. Pero se trata de un aprendizaje necesario.

 

Aida.

Te presento a tu mayor enemiga…

pensamiento-positivoCada día encuentro personas que, llegado el momento de analizar, evaluar, calificar y medir sus resultados, ponen su foco casi de manera exclusiva en detectar y enumerar los fallos y todo aquello no han hecho del todo bien. Nunca deja de sorprenderme cómo muchas personas acumulan en su cabeza una especie de informe que les permite tener siempre presente las veces que se equivocaron y que no obtuvieron la efectividad que planearon o desearon.

Cuando una persona pone su foco precisamente en todo lo malo, lo que no ha salido bien, lo que no han logrado, lo único que consigue con esa actitud es ir, poco a poco, llenando una mochila de pequeñas piedras; una mochila que deberá cargar durante todo el camino… Quizá, en un principio, no afecte el peso, pero a medida que se van agregando piedras a la mochila y se continúa caminando, ese lastre se va haciendo más duro de soportar.

Los balances siempre se deben hacer en positivo. Los balances y todos en la vida, pero en este caso especialmente. Cuando llegue el momento de evaluar y medir, hazlo con un enfoque positivo.
¿Lo que ha salido mal se debe tener en cuenta? ¡Por supuesto! Pero no para recordarnos constantemente que no ha salido como debía, sino para aprender; se trata de utilizarlo como una valiosa lección que impida que volvamos a caer en los mismos errores en nuestro próximo intento.

No me refiero solamente al ámbito profesional, esto es aplicable a cualquier área de tu vida. Es más, mi consejo es que, en todas aquellas áreas de tu vida que consideres importantes, elabores un plan de mejora y superación que te permita ir modificando, día a día, pequeñas cosas… verás que al final esas pequeñas cosas acaban marcando la diferencia.

Lo único que necesitas para llevar a cabo ese plan es tomar conciencia y, si es necesario, elaborar una lista de cosas a mejorar en tu día a día, en tu trabajo, en tu rutina de entrenamiento, en tus relaciones… Pasa a la acción y mejora algo, por pequeño que sea, cada día. Y cada vez que lo hagas, celébralo; te aseguro que es realmente gratificante tener algo que celebrar cada día.

Decídete ya a dejar de ser tu peor y mayor enemiga y pasa a la acción… Firma un pacto de amistad contigo misma. Y llévalo a cabo dejando de torturarte recordando a cada instante y poniendo el foco en lo que no ha salido bien. Mejor comienza a ver y entender lo que sale mal, o al menos no como deseabas, como oportunidades de mejora.

Mi consejo es muy sencillo: comienza hoy a avanzar en esta dirección. Comienza con pequeños pasos, pero firmes, a evaluar de manera positiva esas pequeñas cosas que vas a cambiar, mejorar y conseguir cada día… Avanza. Y después juzga tú misma los resultados, valora tú misma si te conviene ser tu peor enemiga o es más productivo y satisfactorio convertirte en tu mejor amiga.

¡Arriba esa autoestima!

autoestimaQuiero empezar este post definiendo conceptos, ya que muchas veces me encuentro con conceptos erróneos de lo que es realmente la autoestima…

La autoestima es el respeto hacia ti misma, que no es lo mismo que la opinión que tienes de ti misma, esto último es la autoimagen.

Una persona con una buena autoestima es una persona que confía en sí misma más que en nada y es consciente de que su mejor aliado y recurso es ella misma.
Y cuando la autoestima falla o es baja, aparecen las complicaciones, inseguridades, las dificultades en la comunicación, incluso aparece la soledad.

Todos, en mayor o menor medida, nos queremos a nosotros mismos. Sin embargo, que nos valoremos como realmente merecemos no es tan habitual.

La autoestima es algo que vamos formando desde la infancia… Cuando somos niños no nos preguntamos si tenemos o no autoestima, si es demasiado alta o baja; cuando somos niños vivimos, disfrutamos, simplemente. Todo comienza cuando los adultos comienzan a socializarnos y para ello, a caminar por un sendero de normas que supuestamente son las condiciones para ser aceptados: tenemos que portarnos bien; no podemos ser egoístas; tenemos que compartir nuestros juguetes; hacer esto, lo otro y más…
No quiero decir con esto que no esté de acuerdo con que se tienen que cumplir ciertas directrices cuando los niños comienzan a socializar. Claro que sí. Lo que provoca posteriormente problemas de autoestima es como se hace esto.

¿Te suenan las frases “mamá sólo quiere a las niñas buenas, no a las niñas malas”, “si te portas mal papá no te va a querer”? Con simples frases tan habituales pueden comenzar los problemas de autoestima, ya que creemos así que nuestra valoración está sujeta a nuestro comportamiento y, por tanto, debe estarlo también a la aprobación de los demás.

Por supuesto, también las comparaciones hacen una gran aportación al desarrollo de los problemas de autoestima. De manera especial cuando somos nosotros mismos los que nos comparamos y pensamos que no somos lo suficientemente inteligentes, guapas, simpáticas…
Y lo cierto es que, por guapa, inteligente, simpática o exitosa que llegues a ser, nunca estarías contenta contigo misma, porque siempre habrá alguien más inteligente, más guapa, más simpática y más exitosa. Tu yo ideal siempre estará por delante.

La solución pasa por trabajar la autoestima y mejorarla…

Pasos básicos para mejorar la autoestima

 

  1. El primer paso para mejorar esa autoestima es aceptar todo lo anterior. Obviamente lo sucedido en la infancia ya no lo puedes modificar. Pero sí puedes pisar el freno cuando te descubras a ti misma comparándote con otra persona… Y esto, darte cuenta de que te estás comparando, ya es un gran paso.
  2. Quiérete y demuéstratelo. Trátate bien en todas las formas que puedas: cuida tu alimentación, cuida tu cuerpo, permítete un día de desconexión y relax, o un viaje… ¡Mímate! Trátate exactamente como tratarías a la persona que más quieres en el mundo.

Son dos pasos muy sencillos. Al menos en apariencia, pero lo cierto es que no lo son tanto, porque cuando una persona tiene baja la autoestima, son muchos los programas automáticos que están dispuestos a boicotear cualquier paso de los anteriores.
No es fácil. Nadie dijo que lo fuera. Pero sí es posible; y además es necesario, de lo contrario tendrás que vivir con una angustiosa sensación de insatisfacción constante que no desaparecerá por arte de magia, ni siquiera por mucho que te esfuerces en ser mejor. Mejorar cosas de ti misma es muy positivo, pero no es el problema en este caso y tampoco la solución… La solución pasa por trabajar la autoestima hasta romper la costumbre de vivir a los pies de un ideal imposible de alcanzar, para no pasar la vida con ese sentimiento de no ser lo suficientemente válida.

Para sentirte bien contigo misma, la llave y la clave están dentro de ti. Sola o con ayuda lo puedes conseguir. Querer es poder.

 

Aida.

 

¡Supera tu miedo a ser imperfecta!

luz al final del tunel¿Has oído hablar de la atelofobia? Se trata de un miedo extremo a no ser perfecto, a no ser lo suficientemente buenos en todos los ámbitos de nuestras vidas: en lo personal, en lo profesional, etc.

Ser exigentes con nosotras mismas no es malo, al contrario, nos ayuda a buscar la excelencia y eso siempre es positivo. Pero cuando se pasa ese límite, llegando a la obsesión por ser perfectas, pasa de ser una ventaja a un verdadero problema. Y es que una persona que sufre atelofobia, un trastorno que suele aparecer en personas muy inteligentes y ser más habitual en mujeres, es una persona excesivamente crítica consigo misma y que acaba teniendo problemas de autoestima.

Si te identificas con este perfil y vives con un miedo constante a no ser lo suficientemente perfecta, a no hacerlo lo suficientemente bien, etc., es hora de coger las riendas de tu vida y comenzar a trabajar tu autoestima hasta que seas capaz de entender y asumir que nadie es perfecto… y que si realmente has puesto todo de tu parte, aunque los resultados no sean los que deseabas o como esperabas, debes quedarte tranquila.

Por lo general, las personas que tienen problemas para superar su miedo a no ser perfectas, a que lo que ofrecen o dan de sí mismas no sea suficiente, tienden a disimular su problema ante los demás. Fingen que todo es perfecto, simulan una felicidad que no logran tener debido al gran nivel de estrés, la cruda autocrítica y el autoreproche constante.

Pero si estás leyendo estas líneas y te ves reflejada en esta definición, es importante que tomes conciencia y tengas muy en cuenta que ninguna de tus facetas o tareas requieren de la perfección. Trata de relajarte un poco en este aspecto. Exígete a ti misma; sí, pero nunca más de lo que tú misma exigirías a otra persona…
Esfuérzate por trabajar y mejorar tu autoestima, es importante que llegues a aceptarte a ti misma tal y como eres para que puedas llegar a vencer ese miedo y poder se feliz.

Ese miedo, que puede afectar a cualquier faceta de tu vida, sólo te provocará estrés hasta el punto de bloquearte, impidiéndote disfrutar de tus logros y hasta de las pequeñas cosas.

El peor rival que puedes tener se habita en tu mente. Pero también ahí reside tu mejor aliado. Tú decides a quién le otorgas la fuerza…

No es preciso, ni se trata de ser la mejor en absolutamente todo lo que hagas; se trata de que cada día seas un poquito mejor. Y tampoco se trata de compararte continuamente con otras personas; se trata de que te compares contigo misma y sea a ti misma a quien vayas superando poco a poco.

Dijo Tito Livio que “el miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que realmente son…”. Y así es. Trata de ver la vida, tu vida, a través de unas lentes sin miedo.

 

Aida.