Todas tenemos algún(os) talento(s)

imposible

Todas tenemos algún talento, alguna habilidad especial para realizar alguna actividad mejor que otras personas. Quizá no has encontrado el tuyo, pero te aseguro que lo tienes; quizá varios.

A veces esas habilidades o capacidades las reconocemos con facilidad nosotros mismos desde pequeños. Otras veces son los profesores o personas que están a nuestro alrededor quienes lo hacen. Y otras veces, cuesta un poco más verlas.
Algunas personas reconocen sus talentos. Sin embargo, hay otras a las que les cuesta considerarlos como lo que son, talentos.

 

Resulta realmente importante ser conscientes de ese don que poseemos, reconocerlo y potenciarlo. No hacerlo es renunciar a la satisfacción y, a veces, incluso la felicidad. Eso sí, nadie ha dicho que sea fácil.

 

¿Reconoces alguno de tus talentos?

Si sabes cuáles son tus talentos ¡genial! Pero si no reconoces ninguno, es porque están ocultos, ¡y es momento de sacarlos a la luz!

Si tu caso es el segundo, párate, tómate tu tiempo para analizar lo que realmente haces con facilidad. Puede que sea algo que simplemente te guste, otras veces es la práctica de algo concreto lo que nos lleva a descubrir ese talento que tenemos, en ocasiones son las circunstancias las que nos permiten descubrirlos: un libro que leemos, una persona que parece en nuestra vida…

Si aún no has descubierto tu talento o tus talentos, ¡búscalos! Porque te aseguro que los tienes.

 

¿Eres capaz de reconocer los talentos de los demás?

Te sorprendería la cantidad de personas que no llegan a descubrir su talento simplemente porque nadie las ayudó a hacerlo, nadie las motivó o porque los que se los percibieron no le dieron la importancia que merecían.

 

¿Vas a ofrecer tu talento a los demás?

Existe una falsa creencia en torno al talento. Y es que aún hoy muchos piensan que si posees un talento es suficiente. Nada más lejos de la realidad, para llegar a ser buenos o incluso vivir de un talento es preciso practicar, entrenar, formarse… potenciarlo hasta alcanzar la excelencia.

Resulta realmente importante en la vida de cualquier persona ser consciente de que es capaz de hacer algo que le va a permitir avanzara, crecer, desarrollarse, descubrirse.

Y tú, ¿has descubierto ya tu talento?

 

Aida.

 

Que las excusas no te retengan

oportunidades

¿Sabes exactamente lo que quieres hacer con tu vida?

No es una pregunta fácil de responder. Y es habitual tener la sensación de no saberlo, de tener la impresión de no haber llegado a donde queremos.

Cierto es que somos inconformistas por naturaleza y que, por lo general, siempre vamos a tener la sensación de que hay algo más por descubrir, por alcanzar, por experimentar. La vida es así, una búsqueda constante…

Pero en esto de buscar y encontrar en la vida, las excusas juegan un papel muy importante. “La mente es maravillosa” es quizá una frase muy manida, pero cierta. Y también contándonos mentiras es buena. ¿Te suena eso de “no tengo tiempo”, “tengo miedo”, “no tengo dinero”, “yo no valgo para”…?
Déjame decirte son solo excusas. Y que las excusas son crueles asesinas de sueños, las culpables de que muchas veces no logremos avanzar, las responsables de nuestras frustraciones, las encargadas de hacernos creer que no valemos. Aunque, otras veces son también la salida fácil que encontramos a nuestros miedos, la forma de evitar responsabilidades.

Cuando decidimos hacer frente al miedo, nuestra vida mejora de manera increíble. Cuando decidimos ir hacia adelante dispuestas a luchar por lo que queremos en lugar de esperar a que otros nos lo traigan, todo cambia.

Si eres de las que tienen un gran sueño que de solo pensarlo te llena de energía y positividad, pero que también tiendes a ponerte excusas que te impiden ir a por él, ¡es momento de pasar a la acción! Persigue tus excusas, atrápalas y acaba con ellas antes de que ellas maten a tus sueños.

Comed decía, es momento de pasar a la acción. Por eso, te propongo esta actividad:

  1. Coge papel y boli y haz una lista de todo lo que quieres conseguir. No pienses en las posibilidades, ni en lo que tendrías que hacer para conseguirlo, simplemente, escribe todo aquello que quieres.
  2. Ahora que tienes tus lista de sueños y metas por alcanzar, selecciona aquellas cosas que puedes empezar empezar a hacer ya. Y luego escribe en otro papel ese objetivo y el primer paso que vas a dar para acercarte a él.
  3. Aquí llega el momento crítico. Seguramente comiences a pensar en lo que debes hacer para alcanzar esos objetivos; y es probable que aparezcan las excusas que te llevan al “no puedo“. No te preocupes, ya contaba con ello. Si es así, al lado de cada paso, escribe cada excusa que aparece en tu cabeza y préstale mucha atención para descubrir si la complejidad es real o solo se trata de una mentira de tu mente para impedir que el esfuerzo.
  4. Imagina una balanza. Ahora pon a un lado lo que perderás si sigues las indicaciones de tu excusa. Y en el otro lado, qué ganarás si te mantienes firme en no dejarte vencer por ellas. Sopesa.
  5. Analiza ahora qué es lo que te impide dar ese primer paso, qué te está reteniendo, qué es eso que no te deja avanzar. Es necesario identificar lo que te impide avanzar para ponerle remedio. Una vez que lo hagas, escríbelo. Y escribe también una solución.

Debes saber que si logras vencer a tus excusas, puedes lograr cualquier cosa que te propongas.

 

Aida.

 

La gratitud nos hace más felices

Post-it GRACIAS

La gratitud es un hábito que podemos adquirir y que nos permite disfrutar de una vida más positiva y plena. Y no porque lo diga yo, o porque muchos estemos convencidos de ello, sino porque lo confirma y afirma la ciencia, concretamente la neurociencia.

Estamos hechos para sobrevivir y ello explica nuestra tendencia natural a enfocarnos en lo que nos falta, puesto que de alguna manera nuestro cuerpo y nuestro cerebro están programados para suplir nuestras necesidades: comer, dormir…
Sin embargo, muchas de nosotras no precisa de una concentración en la supervivencia, porque nuestras necesidades básicas están más que cubiertas. Entonces, la pregunta es, ¿por qué seguimos enfocándonos en lo que nos hace falta (o lo que consideramos que nos hace falta)?
La respuesta es simple y compleja a la vez… Y es que la clave está en que no entrenado nuestro pensamiento para ello. No hemos puesto en marcha un entrenamiento que nos permita pensar en positivo, por lo que seguimos viendo solo lo que nos falta.

Pero el ser humano ha evolucionado. Y esa evolución implica el desarrollo de la capacidad de razonar, reflexionar, abstraer y crear. Dicho de otra manera, estamos capacitados para adoptar otros enfoques diferentes al que nos dota la supervivencia. Y es también esta evolución la que nos permite entablar otras relacionemos más profundas, desarrollar una consciencia ética, una noción de espiritualidad y elaborar pensamientos complejos.

En este sentido, agradecer es un proceso realmente interesante que además estimula nuestra capacidad para enfocarnos en lo positivo e lugar de ver solo lo que nos falta.

La convicción y creencia de que el agradecimiento es beneficiosa viene de mucho atrás. Sin embargo, un estudio dirigido por Glenn R. Fox, ha desvelado que el agradecimiento actúa sobre las regiones cerebrales asociadas con la cognición moral, los juicios de valor y la abstracción, activándolas. Este hecho fortalece nuestra naturaleza humana.
Pero no queda ahí, el estudio ha revelado muchos más datos acerca del agradecimiento. Según los resultados, cuando agradecemos también activamos zonas en nuestro cerebro que están directamente relacionadas con la recompensa, la satisfacción y las emociones positivas; potenciamos nuestra empatía.

En definitiva, adquirir el agradecimiento como un hábito nos ayudará a ser más felices. :)

 

 

Aida.

Éxito en clave femenina

éxitoHablar de éxito a nivel profesional en la mujer, es casi lo mismo que hablar de éxito a nivel profesional en hombres. Con la diferencia —en algunos ámbitos más que en otros— de que nosotras debemos hacer frente a problemas diferentes.

Lo que quiero decir con que es lo mismo es que el éxito no es cuestión de suerte ni viene dado por el sexo. El éxito es una cuestión de esfuerzo, dedicación, autodisciplina, compromiso y motivación.
Si echamos la vista atrás o miramos el presente, muchas son las mujeres que han derribado los tabúes, que ha demolido las creencias de que los negocios son cosa de hombres.

A pesar de que, aún hoy, muchas tienen que hacer frente a problemas extra en el desarrollo de su carrera por el simple hecho de ser mujeres, lo cierto es que contamos con una serie de habilidades que, si las potenciamos, serán nuestras grandes aliadas.

Autoconfianza

Independientemente de la experiencia previa, por lo general, las mujeres confiamos en nosotras mismas y nuestras capacidades para alcanzar las metas que nos marcamos. Y esta confianza resulta decisiva a la hora de perseverar… Y amigas, la perseverancia es una de las claves para alcanzarle éxito en cualquier ámbito, pero sobre todo en el mundo de los negocios o el mundo profesional.

Organización

Contamos con un mayor sentido de la organización y la planificación con respecto a los hombres. Y el orden es fundamental para aquellos que persiguen el éxito profesional.
Explotemos esta habilidad que muchas tenemos 😉

Analizamos las emociones

Por naturaleza somos más analíticas cuando de emociones se trata. Y lo cierto es que eso que ellos suelen ver como un problema, si lo sabes convertir en un arma para dominar lo que ocurre, puede pasar a convertirse en una ventaja, una virtud.

La clave está en no tomarse todo a lo personal, en lo profesional es precio ser más racional. Pensar antes de reaccionar y la información que nos proporciona el analizar las emociones para tener un mayor control sobre nosotras mismas y las situaciones a las que nos enfrentamos en la empresa. Cuestión de inteligencia emocional.

Comunicación

Otra de las habilidades frecuentes en mujeres y de gran valor en el mundo de los negocios es la comunicación.

 

 

Aida.

Excusas que te pones para no quererte a ti misma

defectosEs obvio que tener una baja autoestima, relaciones conflictivas con los demás, ser poco productivos o estar paralizados en uno o varios aspectos de nuestra vida nos perjudica. Pero lo que no miramos con atención es que incluso estos problemas o dificultades tienen ciertos beneficios… De hecho, ningún comportamiento sucede sin una razón, y a veces es mejor profundizar en esta razón que tirar simplemente de “fuerza de voluntad” que al cabo de unas semanas, o unos meses para los más afortunados, se termina agotando.

 

La baja autoestima, al igual que otros comportamientos que juzgamos como negativos tiene una razón de ser oculta, ofrece u ofreció en algún momento de nuestra vida alguna utilidad. Es lo que en PNL y también en las orientaciones más psicoanalíticas de la psicología se llama “función adaptativa”. Es decir, que cualquier comportamiento que tenemos hoy día, sea saludable o perjudicial, cumple o cumplió en el pasado un propósito, una función y por ello se mantiene.

 

Por ejemplo, todos sabemos que fumar es malísimo, es más, conocemos por diversos estudios que el tabaco está adulterado con compuestos extraordinariamente tóxicos. Pero entonces… ¿por qué fumamos? Tiene que haber alguna razón muy poderosa para hacerlo. Quizás fumar nos proporciona placer, nos calma, compensa nuestras carencias. Sucede lo mismo con todas las adicciones: sabemos (racionalmente) que están destrozando nuestra vida, que nos traen serios inconvenientes, pero aún así somos incapaces de dejarlas. Y no es por falta de voluntad, es que toda adicción está cumpliendo un propósito oculto. Cualquier adicción empezó como un medio de calmar nuestra angustia, y si se sigue perpetuando a día de hoy es porque no hemos encontrado un modo mejor de resolver esta situación.

 

Otro ejemplo: todos sabemos que postergar algo hasta última hora conlleva sentirnos culpables mientras no lo estamos haciendo y mucho estrés al final, cuando “nos toca” hacer todo de golpe. Sin embargo, a pesar de estos inconvenientes, seguimos postergando cosas… ¿Qué sucede? ¿Es que somos tan estúpidos que actuamos en contra de nuestros propios intereses? ¿Es que “no aprendemos” de nuestros errores? Lo que ocurre es que hay un motivo oculto que nos anima a actuar así una y otra vez: en este caso es el miedo. Si postergamos las cosas para después, estamos alejando el miedo, nos estamos sintiendo bien en el momento aunque a la larga nos sintamos peor. Si no encaramos este miedo, podemos utilizar mil técnicas de productividad y enfoque que resolverán parcialmente el problema, pero no lo solucionarán a largo plazo.

 

Viendo estos ejemplos, ¿verdad que ya no parece tan extraño y enrevesado esto de los beneficios o razones ocultas que mantienen nuestros problemas?

 

A mí particularmente me gusta llamar a estos beneficios los “retorcidos motivos” que mantienen nuestros comportamientos, pero también se les conoce dentro del mundo del coaching como “intención positiva”. Si eres coach, seguro que este término te suena más. En resumen, la intención positiva es el beneficio (muchas veces difícil de descifrar, porque no es aparente) que obtenemos al seguir perpetuando un comportamiento, por inconveniente y perjudicial que éste pueda parecer, y está presente SIEMPRE que aparece el problema.

 

En el caso de una baja autoestima, que se puede traducir en la práctica como una forma continua de minusvalorarnos y no conseguir lo que deseamos, también aparecen estos beneficios sutiles, no nos equivoquemos. En este artículo veremos dos excusas o ventajas para no amarte a ti mismo y quedarte estancado en este comportamiento.

 

Beneficio 1: no asumir nuevos riesgos.

 

A veces, ciertas conductas que se derivan de una baja autoestima pueden, paradójicamente, protegernos. Wayne Dyer abordó muy bien este tema en su libro “Tus zonas erróneas”. En uno de los capítulos habla de “las retribuciones que te brinda el no amarte a ti mismo” y dice al respecto:

 

Si escoges no amarte a ti mismo, lograrás evitar todos los riesgos que implica el establecimiento de relaciones afectivas con los demás, y eliminar de esta manera cualquier posibilidad de ser rechazado o censurado. […] Es más fácil seguir siendo como eres que hacer un esfuerzo por cambiar y enfrentarte a los riesgos que, inevitablemente, traerá este cambio.

 

A todos nos dan miedo ciertos cambios que, aunque positivos al principio, también implican nuevos riesgos que tendremos que enfrentar. Si pasamos de ser muy tímidos a salir más y relacionarnos con muchas personas obtendremos grandes alegrías (nuevos amigos, invitaciones, diversión), pero obviamente también nos encontraremos con personas que nos juzgarán, que nos tratarán mal o que nos rechazarán. Así pues, mientras soy tímido y estoy en mi cuevita sufro mucho por la falta de contacto pero, por otro lado, tengo la gran ventaja de que no tengo que preocuparme por el rechazo u otros riesgos que inevitablemente trae la interacción con los demás.

 

Otro ejemplo, imaginemos el caso de Gregorio, que en estos momentos sufre un serio problema de obesidad. Gregorio viste con ropa muy ancha, se arregla poco, y como se siente muy inseguro y observado en las fiestas y reuniones sociales, simplemente pasa de ir. Esto provoca que se sienta solo, triste y muy descontento con su aspecto. Un día se decide a hacer todo lo posible para perder peso y cambiar su imagen. Empieza muy bien, muy motivado: hace dieta, deporte, contrata a un coach, se apunta a un grupo de apoyo. Hace todo “lo correcto” y va perdiendo bastante peso al principio pero en algún punto se estanca… Ya no pierde más peso y no sabe por qué.

 

Como Gregorio está más receptivo consigo mismo, comienza a notar que ahora que luce un poco más atractivo algunas personas han comenzado a acercarse a él, mucho más que antes, principalmente mujeres. Esto le provoca mucho miedo e inquietud porque no estaba acostumbrado al trato con desconocidos. Se siente inseguro y temeroso, poco preparado. De repente, observa que tiene dificultades y problemas que antes de perder peso, cuando sólo pensaba en los kilos que le sobraban, ni se le pasaban por la cabeza.

 

Gregorio tendrá que hacer un esfuerzo consciente para identificar que ahora le están surgiendo nuevos retos a los que tiene que hacer frente. Tendrá que admitir que tener muchos kilos de más también tenía una poderosa ventaja (no enfrentarse a los riesgos de la interacción con los demás). Y sólo entendiendo esta ventaja y comprendiendo que su nuevo modo de vida le traerá más complicaciones (pero también, sobra decirlo, muchísimas más alegrías) podrá seguir perdiendo peso y viviendo en su nuevo yo más socialmente atractivo.

 

Beneficio 2: Seguir esperando que otros nos quieran.

 

Aunque muchos somos adultos en edad, podemos mantener una parcela emocional muy infantil: la del niño necesitado que necesita que le quieran incondicionalmente, a toda costa. Lo cual, dicho sea de paso, no se va a producir nunca…

 

El único tiempo reservado para el amor incondicional y para sólo recibir es la infancia. No obstante, para la mayoría de las personas es justo al contrario: la infancia es tiempo de “dar”, de amoldarnos a otros, de ser buenos para no causar molestias. Si nuestra infancia no ha sido un tiempo de sólo recibir, si no nos han querido y valorado como realmente necesitábamos siendo niños, tendremos que lidiar con esa herida durante un tiempo, pero no seguir esperando ese amor porque ya no es momento de eso. La buena noticia es que, como adultos, no necesitamos recibir amor incondicional más que de nosotros mismos, así que una vez entendida la carencia infantil y curada la herida, podremos llevar vidas totalmente plenas.

 

El problema aparece cuando somos adultos y nos negamos a tomar la responsabilidad total de este proceso, y seguimos esperando inconscientemente ser queridos. Buscamos este amor y valoración desesperadamente en las parejas, en amigos, en jefes, ¡incluso en nuestros padres ya ancianos! (Dicho sea de paso: si no nos han dado lo que necesitábamos en cuarenta años, no van a hacerlo ahora). La cosa se complica aún más cuando esperamos amor y aprobación de nuestros propios hijos, sobrinos, alumnos, empleados ¡cuanto es justo al revés, lo que deberíamos hacer con “los que vienen después” es dar, principalmente dar!

 

Aunque seguir esperando amor y no obtenerlo provoca mucho sufrimiento, porque nunca se llega a calmar un vacío que es infantil, esta actitud también tiene un beneficio oculto: la falta de responsabilidad y compromiso. Si seguimos en la actitud infantil de recibir (amor, aprobación, halagos, admiración, regalos, favores) podemos centrarnos sólo en lo que nos falta y en el “pobrecit@ que soy, qué poquito me quiero”, y así nos quitamos la responsabilidad de liderar activamente nuestra vida y por supuesto no pensamos en lo que podemos ofrecer a los demás, pues estamos aún en el recibir.

 

Rita es una de esas personas que sigue esperando que ese amor incondicional con el que sueña “le llegue de fuera” y lo busca o reclama de una y mil maneras. Ha cambiado varias veces de pareja porque nunca la quieren lo suficiente. Dice que quiere como a nada en el mundo a sus hijos pero secretamente los tuvo porque pensaba “que la llenarían a ella de amor”, y este malentendido provoca unas tremendas discusiones en casa. Por otro lado, Rita resulta muy agobiante para sus amigos que sienten que todo el rato “pide, pide y pide” amor y comprensión y no se sacia nunca. Además, como tiene tan baja autoestima, se mantiene en el rol de víctima, de pobre-de-mí, sin parar de culparse todo el día pero sin hacer algo productivo para solucionarlo.

 

Por supuesto, Rita sufre mucho, no es feliz, tiene una sensación de carencia continua que no le deja disfrutar de la vida, y sabe que también hace sufrir a las personas que la rodean, que se cansan de dar y no recibir. No obstante, y a pesar de este sufrimiento que es muy real, Rita también tiene ciertos beneficios de seguir con esta actitud de escaso amor propio: nunca se cree responsable de nada, la culpa la tienen siempre los demás y sus circunstancias, y como está tan mal y tan deprimida se ve siempre en condiciones de pedir y nunca de dar.

 

¿Y qué puede hacer ella, y qué podemos hacer nosotros? Para empezar, tener la certeza de que, como adultos, no necesitamos ser queridos incondicionalmente por nadie aparte de nosotros mismos. Por supuesto, de niños sí que lo necesitamos, y muy probablemente no lo obtuvimos en el grado suficiente, lo cual nos ha dejado una carencia y un vacío que tenemos que reconocer. Una vez reconocido y sanada la herida, toca seguir adelante. Y a partir de aquí, podemos decidirnos a establecer relaciones más maduras y satisfactorias, con nosotros y con los demás: unos días doy, y otros recibo; estoy feliz cuando entrego a los demás y también estoy feliz cuando recibo de ellos (¿recuerdas este artículo en el que hablaba de la importancia de aprender a recibir?)

 

Volviendo al tema de la autoestima, en general, es necesario recordar una vez más que cuanto más me quiero a mí mismo y cuanto más a gusto estoy en mi piel, mejor podré querer, cuidar y acompañar a los demás. Nuestra baja autoestima no beneficia a nadie. Ni a nosotros, que estamos hundidos en la miseria día tras día, ni a los demás, que entonces tienen que preocuparse por mí continuamente.

Lo que no funciona, es mejor cambiarlo

camino correctoEs impresionante lo conservadoras que somos las personas en nuestra vida diaria. Posiblemente llevemos meses, incluso años, con una actitud o un comportamiento que claramente no nos beneficia, pero seguimos ahí… manteniéndolo… sin saber qué hacer… o si hacemos algo, siempre es lo mismo.

 

Hace ya algunos meses, en una sesión con una mujer emprendedora y madre, ésta me comentaba que necesitaba organizarse y planificar su tiempo (típico, ¿verdad?). Ella era más o menos buena cumpliendo horarios, el problema era que no los hacía. Nunca encontraba tiempo y calma en casa para pararse una hora o dos, ordenar sus prioridades y marcarse horarios para cada actividad, incluido el descanso. Cada vez que intentaba ponerse a esta tarea tenía que parar a los cinco minutos porque le reclamaba el trabajo, pensaba en todas las cosas de la casa que tenía que hacer o la interrumpían sus hijos.

 

Por tanto, pasaban los días, y las semanas, y no era capaz de encontrar el modo de sentarse, serenarse y hacer el horario, con lo cual la sensación de caos y de no tener tiempo de nada se acumulaba en su cabeza… ¿Te suena?

 

Hablando sobre cómo se había organizado ella en su etapa universitaria( puesto que me contó que en ese período sí que se hacía un horario, lo seguía y se sentía satisfecha con su rendimiento) me relató que había una cosa que le gustaba mucho hacer: irse sola a una cafetería. Mientras tomaba un café, sola y tranquila, sacaba su libretita y se ponía a pensar y a escribir, era su momento. Aparte de que hacer esto le encantaba, le servía para tener más claridad y organizarse.

 

En ese punto yo le sugerí: ¿y si en vez de intentar hacer esta planificación en casa, cosa que está claro que no funciona, no vas a una cafetería como hacías años atrás y lo haces allí? Tú sola, con tu libreta, tu café y ese entorno que te gusta…

 

¡Bingo!  Podéis adivinar cómo acaba esta pequeña historia. Hacer el horario fue tan sencillo como ejecutar esta acción. A veces los cambios que tenemos que realizar no son nada complicados, de lo que se trata es de abrir la mente, pensar opciones nuevas y tener ese espíritu de probar a ver qué pasa.

 

Si algo en tu vida no está funcionando, no persistas una y otra vez por si acaso algún día (¡magia!) las cosas salen diferentes. Haz otra cosa.

 

Si apuntarte a un gimnasio estupendo pero lejos de casa no te funciona, porque no vas, no te gusta o lo que sea (esa soy yo), haz otra cosa. Busca otro sitio que esté más cerca, contrata a un entrenador personal (conozco gente que lo ha hecho y contentísima) o sal a caminar todos los días.

 

Si hacerte horarios estrictos no te da resultado, porque total al final no lo cumples y te sientes mucho peor que antes de hacerlo, intenta otras técnicas de productividad. Elige una actividad para hacer cada día, por ejemplo. Organízate de forma más flexible.

Si tienes conflictos frecuentes por los demás, porque te dicen que eres demasiado cortante o demasiado frío cuando hablas, prueba a inventar respuestas nuevas, cambiar el tono de voz o la postura corporal. Investiga sobre otros estilos de comunicarte (el estilo asertivo), estáte atento de tus respuestas, intenta decir algo de una forma distinta a como lo haces normalmente (aunque suene raro, que al principio seguro que lo es). En definitiva, no esperes obtener resultados distintos si siempre haces lo mismo.

 

Si algo no te funciona, cámbialo. Esto requiere que te des cuenta primero de qué es lo que no te está funcionando y después, que pongas toda tu capacidad creativa a tu servicio para descubrir opciones nuevas, cambiar, experimentar.

 

Pasemos a la práctica

Hay tres preguntas secuenciales que pueden ayudarte a ver este proceso en tu propia vida. Sigue leyendo y contéstalas para ti:

 

1. ¿Qué te gustaría cambiar de tu vida o que quieres conseguir que todavía no tengas?

 

2. ¿Qué haces habitualmente que no resuelve el problema, o incluso lo empeora?

Párate en este punto. Pensar en qué podemos hacer para empeorar una situación es una buena forma de darnos cuenta de que… ¡es justo lo que hacemos! Revelador, ¿verdad?

 

3. ¿Qué otra cosa distinta, que no hayas probado hasta ahora, podrías hacer?

Y aquí atrévete, inventa, crea, busca soluciones absurdas pero que quizás podrían resultar. Y si por más que lo piensas, tu respuesta a esta pregunta es “no sé” aquí va la siguiente:

 

4. ¿Y cómo podrías saberlo? ¿A quién podrías preguntar, qué podrías leer, dónde podrías buscar para generar nuevas alternativas a tu problema?

 

Como ves, no es tan complicado. Se trata de salir de esa mente en bucle que se obsesiona con que una situación tiene que ser de una manera y punto, y encontrar una mente más despierta y que verdaderamente se enfoca en aportar soluciones.

La importancia de mejorar la toma de decisionesen la vida personal

toma de decisionesLa toma de decisiones en la vida personal es una de esas cuestiones que bien merece ser tratado… Y es que cuando hablamos de vida personal, se presenta el miedo a no ser queridas, a la soledad, a ser juzgadas, etc. Además, muchos de estos miedos están presentes en nuestras vidas sin que seas conscientes de ello, lo que puede condicionarnos a la hora de tomar decisiones.

Cuando nos enfrentamos a una decisión, la mente, que es miedosa por naturaleza y no le gusta salir de la zona de confort, siempre nos va a llevar por el camino más cómodo, conservador, el que más fácil nos va ser controlar, no le gusta lo desconocido… Por ello, cada vez que nos enfrentemos a una decisión, la mejor opción será siempre la que sentimos, sin pensar demasiado en lo que hay fuera. No olvidemos que nada sucede ni crece dentro de los límites de la zona cómoda.

La intuición es esa gran olvidada a la que debemos dar más importancia, en la que debemos confiar más
Para las que suelen recurrir al “es que yo no soy intuitiva”, siempre digo que la intuición no sólo la tenemos todos y todas (unos en mayor y otros en menor medida), sino que es algo que se entrena.

¿Que cómo se hace? Confiando. Confiando en ti y en tu intuición, en tus capacidades. Y observando. Observa bien cómo te hace sentir esa decisión cuando la tomas siguiendo tu intuición. Este tipo de decisiones siempre nos hace sentir bien.

Para lograr que las decisiones que tomamos sean buenas, debemos vencer al miedo, que aparecerá para condicionar nuestra mente e impedirnos avanzar y cruzar el límite de nuestra zona de confort. Debemos ser más fuertes que el miedo y, por mucho ruido que haga para que no oigamos nada más, debemos saber escuchar a nuestra intuición.

Para alcanzar cualquier cosa que quieras en la vida, por pequeña que sea, debes comenzar a andar, estar dispuesta a asumir riesgos, salir de esa zona de confort y enfrentarte a lo que sea necesario para crecer, avanzar y llegar adonde realmente quieres, lograr lo que realmente deseas. Nada cae del cielo, más que la lluvia, y como dijo Adam Lambert algún día: ¨La vida es todo acerca de tomar riesgos para conseguir lo que quieres.” 

El principio siempre es la parte más difícil 😉

 

Aida.