Lo que no funciona, es mejor cambiarlo

camino correctoEs impresionante lo conservadoras que somos las personas en nuestra vida diaria. Posiblemente llevemos meses, incluso años, con una actitud o un comportamiento que claramente no nos beneficia, pero seguimos ahí… manteniéndolo… sin saber qué hacer… o si hacemos algo, siempre es lo mismo.

 

Hace ya algunos meses, en una sesión con una mujer emprendedora y madre, ésta me comentaba que necesitaba organizarse y planificar su tiempo (típico, ¿verdad?). Ella era más o menos buena cumpliendo horarios, el problema era que no los hacía. Nunca encontraba tiempo y calma en casa para pararse una hora o dos, ordenar sus prioridades y marcarse horarios para cada actividad, incluido el descanso. Cada vez que intentaba ponerse a esta tarea tenía que parar a los cinco minutos porque le reclamaba el trabajo, pensaba en todas las cosas de la casa que tenía que hacer o la interrumpían sus hijos.

 

Por tanto, pasaban los días, y las semanas, y no era capaz de encontrar el modo de sentarse, serenarse y hacer el horario, con lo cual la sensación de caos y de no tener tiempo de nada se acumulaba en su cabeza… ¿Te suena?

 

Hablando sobre cómo se había organizado ella en su etapa universitaria( puesto que me contó que en ese período sí que se hacía un horario, lo seguía y se sentía satisfecha con su rendimiento) me relató que había una cosa que le gustaba mucho hacer: irse sola a una cafetería. Mientras tomaba un café, sola y tranquila, sacaba su libretita y se ponía a pensar y a escribir, era su momento. Aparte de que hacer esto le encantaba, le servía para tener más claridad y organizarse.

 

En ese punto yo le sugerí: ¿y si en vez de intentar hacer esta planificación en casa, cosa que está claro que no funciona, no vas a una cafetería como hacías años atrás y lo haces allí? Tú sola, con tu libreta, tu café y ese entorno que te gusta…

 

¡Bingo!  Podéis adivinar cómo acaba esta pequeña historia. Hacer el horario fue tan sencillo como ejecutar esta acción. A veces los cambios que tenemos que realizar no son nada complicados, de lo que se trata es de abrir la mente, pensar opciones nuevas y tener ese espíritu de probar a ver qué pasa.

 

Si algo en tu vida no está funcionando, no persistas una y otra vez por si acaso algún día (¡magia!) las cosas salen diferentes. Haz otra cosa.

 

Si apuntarte a un gimnasio estupendo pero lejos de casa no te funciona, porque no vas, no te gusta o lo que sea (esa soy yo), haz otra cosa. Busca otro sitio que esté más cerca, contrata a un entrenador personal (conozco gente que lo ha hecho y contentísima) o sal a caminar todos los días.

 

Si hacerte horarios estrictos no te da resultado, porque total al final no lo cumples y te sientes mucho peor que antes de hacerlo, intenta otras técnicas de productividad. Elige una actividad para hacer cada día, por ejemplo. Organízate de forma más flexible.

Si tienes conflictos frecuentes por los demás, porque te dicen que eres demasiado cortante o demasiado frío cuando hablas, prueba a inventar respuestas nuevas, cambiar el tono de voz o la postura corporal. Investiga sobre otros estilos de comunicarte (el estilo asertivo), estáte atento de tus respuestas, intenta decir algo de una forma distinta a como lo haces normalmente (aunque suene raro, que al principio seguro que lo es). En definitiva, no esperes obtener resultados distintos si siempre haces lo mismo.

 

Si algo no te funciona, cámbialo. Esto requiere que te des cuenta primero de qué es lo que no te está funcionando y después, que pongas toda tu capacidad creativa a tu servicio para descubrir opciones nuevas, cambiar, experimentar.

 

Pasemos a la práctica

Hay tres preguntas secuenciales que pueden ayudarte a ver este proceso en tu propia vida. Sigue leyendo y contéstalas para ti:

 

1. ¿Qué te gustaría cambiar de tu vida o que quieres conseguir que todavía no tengas?

 

2. ¿Qué haces habitualmente que no resuelve el problema, o incluso lo empeora?

Párate en este punto. Pensar en qué podemos hacer para empeorar una situación es una buena forma de darnos cuenta de que… ¡es justo lo que hacemos! Revelador, ¿verdad?

 

3. ¿Qué otra cosa distinta, que no hayas probado hasta ahora, podrías hacer?

Y aquí atrévete, inventa, crea, busca soluciones absurdas pero que quizás podrían resultar. Y si por más que lo piensas, tu respuesta a esta pregunta es “no sé” aquí va la siguiente:

 

4. ¿Y cómo podrías saberlo? ¿A quién podrías preguntar, qué podrías leer, dónde podrías buscar para generar nuevas alternativas a tu problema?

 

Como ves, no es tan complicado. Se trata de salir de esa mente en bucle que se obsesiona con que una situación tiene que ser de una manera y punto, y encontrar una mente más despierta y que verdaderamente se enfoca en aportar soluciones.

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