¿Por qué nos cuesta tanto tener paciencia?

hoy

“¡No tengo prisa!” ¿Cuánto tiempo hace que no escuchas esta frase a alguien?

La vorágine en la que vivimos está acabando con la calma. O mejor dicho, estamos dejando que nos la robe. Estamos permitiendo que nos quite el interés por cuidar los detalles, por dedicarnos a lo realmente importante.

La inmensa mayoría de las personas que nos rodea, y nosotros mismos, vivimos corriendo, de prisa, sin paciencia y con miedo a parar.
Nos hemos acostumbrado a querer y necesitar resultados inmediatos, a tener la razón para aceptarnos a nosotros mismos.

Déjame decirte algo, la prisa es sinónimo de miedo. Viven corriendo los que no se quieren, los que no se aceptan; y no quieren parar para no verlo… Cuanto más rápido viven, cuanto más hablan de tiempo, menos lo ven.

El gran problema no es la velocidad, el problema es que ese miedo nos aleja de la alegría, de la felicidad que supone el amor y la confianza por una misma. El problema es que el miedo no es a lo que pasa fuera, el miedo es a lo que ocurre dentro de nosotras.

No permitas que tus expectativas te esclavicen, disfruta, acaba con esos miedos, porque ninguno de los días que pasan va a regresar, porque lo que estás viendo hoy es parte del viaje que has elegido y si así lo decides el camino puede ser maravilloso.
Para por un instante, observa la naturaleza, respira y siente su ritmo: ¡adóptalo! Añade a la receta de tu vida como ingrediente fundamental un poco de amor, sazona con un poco de calma… Y vive disfrutando lo extraordinario del aquí y el ahora.

 

 

Aida.

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