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Atraes lo que piensas

defectos

Todas nos hemos sentido inseguras en algún momento. Si no, que tire la primera piedra la que esté libre de inseguridad.

No es fácil sentirse totalmente segura en todos los ámbitos. Y es normal. Pero para cuando sentimos inseguridad, no viene mal saber cómo actuar, qué decirnos a nosotras mismas para que la inseguridad no se acabe convirtiendo en un problema.

Reconócelo

Cuando te sientas insegura, reconócelos. Y recuerda que es algo normal. Ser consciente de la situación y aceptarla te ayudará a controlarla y superarla.

Inseguridad no es sinónimo de debilidad

Recuérdate que eres fuerte aunque sientas inseguridad en determinadas situaciones o circunstancias. De esta manera no te dejarás arrastrar por la debilidad.

Es una buena oportunidad para dominar mi inseguridad

Cuando experimentes inseguridad y seas consciente de ello, ¡plántale cara! En lugar de verla como un problema, mírala como una motivación. Busca la manera de controlarla y dominarla, la fórmula para impedir que te hunda… ¡Gánale la batalla! Demuéstrale que tú eres más fuerte.

Pasa a la acción para reducir esa inseguridad

Muchas veces puedes hacer algo para acabar o por lo menos reducir la inseguridad. Quizá puedes aprender, formarte; quizá una clave radica en alejarte de personas tóxicas que solo ven lo negativo en ti; quizá puedes probar a jugar con tu mente, cuando piense en negativo, respóndele en positivo…

 

“No hay mayor atrevimiento que ser uno mismo”.

Coaching madrid mujeres

 

No hace falta darnos cuenta que las personas cada vez nos comportamos de manera menos natural interrumpiendo constantemente nuestra espontaneidad y rompiendo cualquier expresión que nos caracteriza por ser únicos , quizás sea por miedo o por evitar sufrir rechazos a ser uno mismo.

 

 

Hace tiempo leía un libro sobre este tema y explicaba que hubo una campaña de publicidad, la cual tuvo mucho éxito y que reclamaba el atrevimiento de ser uno mismo. Precisamente tuvo mucha repercusión ya que la gente se sintió muy atraída por ese mensaje y creo (esto es cosecha mía) que pudo dar mucho aliento a la gente, ya que constantemente nos movemos en una corriente de similitudes entre unos y otros , parece que si eres diferente o destacas por una cualidad la vida misma te señala con un  dedo acusador.

 

En mi trabajo como coach tengo la suerte de conocer a  muchas mujeres  y constantemente el mayor de los miedos es ser una misma , quizás por lo que hablaba anteriormente  o quizás porque la vida esté diseñada a pasar por un “aro” en el que si no formas parte ,acabas siendo un /una marginada social. 

 

Pero fijaros bien , toda la gente que verdaderamente tiene mucho éxito social son personas que se han hecho a sí mismas , han superado todas las barreras del miedo a ser rechazados y han potenciado todas sus autenticidades que los destacan y los diferencian del resto .

 

Os tengo que confesar que hace un tiempo tuve un parón a nivel laboral.

La gente que sea autónoma o se dedique al mundo online lo entenderá , y es que cuando quieres posicionar una web como es mi caso , lo que recomiendan es que escribas una media de dos post al día en tu blog , al principio me pareció fácil , pero más tarde me estanqué (mirar las fechas de las publicaciones..).

 

Nunca tuve facilidad para escribir , sino todo lo contrario . Cuando me inspiraba o leía blogs de otros profesionales del coaching , me volvía más insegura. Como sabréis hay verdaderos expertos que se desenvuelven como pez en el agua tras el teclado pero este nunca fue mi caso .

 

Yo siempre quise ser como ellos/as , escribir brillantes artículos y utilizar el mejor vocabulario , por ello me metí en situaciones que no me desenvolvía bien y por el simple hecho de querer ser como ellos me paralicé . 

 

Cuando leí este libro que hablaba sobre el atrevimiento de ser uno mismo , tomé conciencia y una bombilla se me encendió. Nunca tendré éxito, ni seré feliz si intento ser o modelarme como otras personas  . Lo que verdaderamente me resulta fácil y me caracteriza es escribir como yo sólo escribo y esta es mi verdadera seña de identidad.

 

Fijaros bien en los blogs de moda , en  restaurantes ,o  en cientos de personas que lo que buscan es hacer una copia barata de lo que tiene éxito ,y luego nos preguntamos cuáles son los motivos por lo que en ellos no ha funcionado y en otros sí. Comparación constante .

 

¿Qué lugar ocupa  lo que verdaderamente se nos da bien? .¿Qué es lo que te apasiona o te gusta? ¿qué es lo que te diferencia de los demás? .

¿Cuántas veces nos hacemos esta pregunta para sacarle provecho al resultado y no para intentar ocultarlo bajos los patrones de lo correcto o normal?.

 

 

Me despido con esta frase que si fuera más cierta acabaría siendo un dogma .

“Aquellos que eran vistos bailando eran considerandos locos por quienes no podían escuchar la música”. 

 

Besos de Aida.

Sentimientos que dañan el alma.

Autoestima Si les pidiera que contestaran a la pregunta: ¿cuál es su misión en la vida? Seguramente no me darían una sola respuesta, sino muchas. Todas las personas tienen objetivos diferentes relacionados con su vida familiar, personal, social y laboral. Pero hay un deseo que nos une a todos, y ese es el de ser feliz.

Todos anhelamos equilibrio interior, paz y tranquilidad. El bienestar no viene genéticamente predeterminado, sino que se busca, se entrena. Las personas se rodean de circunstancias, de otros compañeros de viaje y de momentos que les aportan felicidad, buscan la seguridad y tratan de desprenderse de todo lo que les incomoda y provoca dolor. De hecho, vivimos en la era de la felicidad. Se cultiva y practica una filosofía dirigida a cuidarse y mimarse, y muchas personas dejan de salir de su zona de confort para evitar enfrentarse a sus miedos y no sentir la incomodidad del sufrimiento. Pero la envidia, la culpa, el remordimiento, la inseguridad, la frustración, la vergüenza…todos esos sentimientos forman parte nuestra evolución.

Lo inteligente es saber dosificarlos para que cumplan con su función y no dejar que nos bloqueen. ) Todo tiene su razón de ser y una explicación lógica.

Los sentimientos negativos funcionan como un termómetro, nos indican que algo no funciona y se manifiestan a través del malestar. Pero tienen su parte positiva: educan, permiten evolucionar y generan aprendizaje.

¿Si no sintiera culpa, cómo sabría que ha herido a alguien? Si no sintiera frustración, igual no le daría valor al esfuerzo cuando consigue su objetivo. ¿Y qué me dice de la inseguridad?…También tiene un sentido evolutivo, le protege de las amenazas, aunque muchas de ellas no sean tan aterradoras como imagina. Ahora, deje espacio a sus sentimientos y, cuando estime que han convivido con usted el tiempo suficiente, ábrales la puerta y déjeles marchar. Siente envidia porque anhela aquello que desea y que sí tienen otras personas. Siente envidia porque valora el mundo como un lugar injusto en el que usted no está ni tiene lo que desearía. Una de dos, o acepta su realidad o se implica en modificarla. Pero sufrir sin invertir tiempo y esfuerzo, no. Para abrir la puerta de salida a la envidia:

Reconozca su sentimiento. La envidia es un sentimiento que, además de hacerle sufrir, es feo. Dígase a sí mismo: “Tengo envidia”. Si no lo hace, siempre tratará de justificar su malestar, pero no llegará a vencerlo. Analice por qué. Esfuércese y acepte lo no controlable. Las personas suelen tener envidia porque perciben una situación como injusta.

Los motivos por los que no tiene aquello por lo que suspira (tipo, inteligencia, dinero, poder…) pueden ser muy variados, pero sean los que sean tiene dos opciones: la primera, implicarse y trabajar en lo que dependa de usted para conseguirlo, la segunda, aceptar lo que no puede gestionar. Si es de los “envidiosos buenos”, compórtese como si no tuviera envidia.

Pregunte a su amigo qué tal le va en ese trabajo en el que está triunfando y escuchele; dígale a su amiga que la ve más delgada y esbelta, alégrese de forma sincera por el viaje de vacaciones que va a hacer esa pareja de conocidos o familiares. Y refuércese por haber superado una situación difícil. Dígase a sí mismo: “Ves, lo haces muy bien, ahora te sientes mejor por haberte interesado por ellos”. Céntrese en usted mismo. El valor no está en la comparación, sino en su propio yo. Plantéese un objetivo y piense en qué medida puede involucrarse para alcanzarlo.

A veces pierde más tiempo criticando, desprestigiando y deseando lo de otros que invirtiéndolo en su mejora. Esa energía sería muy productiva si la gastara en evolucionar. Pida perdón para vencer a la culpa y el remordimiento. Usted siente culpa cuando sabe que ha herido a otra persona, con intención o sin ella. Ver que otro sufre por algún comportamiento que ha tenido le hace sentir mal. Ese malestar es el motor que le lleva a reflexionar para que la próxima vez tenga más cuidado. Gracias a esta sensación incómoda conseguimos aprender. Si cada vez que hiriésemos a alguien no sintiéramos ese dolor, estaríamos hablando de una persona sin empatía, incapaz de ponerse en el lugar de otros, y esto le dificultaría mucho sus relaciones sociales. Nadie quiere convivir, ni trabajar, ni tener como amigo a una persona que hace daño y que no es consciente del mismo.

Pero sentir culpa no significa que tenga que machacarse toda la vida. La culpa le permite pensar qué haría de forma diferente la próxima vez, y a partir de ahí, borrón y cuenta nueva. Siga estos pasos para deshacerse de su malestar. Pida perdón de forma sincera. Pero no lo haga de forma cobarde, no utilice el whatsapp, dé la cara. Pronuncie el nombre de la persona y acompáñelo diciendo que lo siente y por qué. Repare el daño. Pedir perdón es el primer paso, el segundo es tener un detalle. Si ha roto algo, repárelo; si ha sido borde, tenga el gesto de llevar unos bombones, si no ha sido atento con algo que era importante para esa persona, mande un correo, una canción o algo gracioso que haga sentir especial a la persona herida.

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” (Tito Livio) Sea el de siempre. Haberse equivo­­cado una vez no le obliga a convertirse en alguien sumiso con esa persona, como si tuviera que estar avergonzado toda la vida. Todos cometemos errores. Si el desliz entra dentro de lo razonable y, sobre todo, si no ha tenido una mala intención, tendría que poder perdonarse.

El rencor y la soberbia de las personas heridas a veces superan su buena intención. Cuando haya hecho todo lo que podía, deje que la otra persona tenga su tiempo. Y si le parece excesivo, decida cómo comportarse usted a partir de ahora con esa persona que no tiene capacidad para perdonar y cerrar heridas. Enfréntese con valentía a su inseguridad y su vergüenza. La inseguridad, la vergüenza y el miedo son sentimientos y reacciones del cuerpo y de la mente ante lo que usted interpreta como una amenaza. Siente inseguridad cuando no controla el ambiente, cuando lo que le rodea no es predecible. Siente vergüenza cuando percibe la posibilidad de no estar a la altura, de perder, cuando las expectativas le superan. Y el miedo se apodera de usted pensando que puede pasarlo mal, puede contagiarse, darle un infarto, perder el trabajo o ser rechazado por esa persona que le atrae.

¡Qué más da el miedo que sienta! El verdadero peligro es dejar escapar las oportunidades, no luchar por ellas, porque ahí es donde está la derrota. Aprenda a convivir con el fracaso y con las emociones negativas, forman parte de la evolución y de la vida. ¿Alguna vez le dijo alguien que esto sería fácil? Cometer errores, ser criticado, sufrir… es parte del camino. Coexisten con la felicidad, la recompensa y el orgullo. “La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante” (Antonio Gala).

Si quiere conseguir salir de su zona confortable: Busque un motivo. Seguro que lo tiene. Póngalo ahora por escrito, en grande y en un lugar visible. No piense que puede fallar y centre su atención solo en lo que desea hacer y cómo. Describa su plan de actuación. Es válido, bueno y fuerte. Tiene ejemplos en su vida que lo demuestran. ¿Qué tiene en la cabeza, lo que le debilita o sus fortalezas? Son sus puntos fuertes los que debe potenciar, no los que restan. Pensar en el éxito. ¿Qué hace pensando en lo que puede fracasar o en lo que no desea que ocurra? ¡Menudo gasto de energía inútil! El tiempo es limitado, inviértalo en pensar en lo que ¡sí! desea que pase. Prepárese con la palabra y con el pensamiento para conseguirlo. Repítase: “¡Yo puedo! ¡Estoy preparado! ¡Me lo he trabajado!”. No a las emociones negativas. No es el único que las tiene, las tenemos todos, pero muchos de nosotros hemos decidido dejar de escucharlas. Es lo que nos diferencia. Su vida no es más difícil, ni tiene menos suerte que otros. Solo que los otros, en lugar de escuchar el peligro, lo valoran, y luego deciden enfrentarse a él. No se trata de ser temerario, solo valiente. Actúe. Los cinco puntos anteriores son geniales solo si los pone en marcha. Los propósitos solo tienen sentido si se materializan.

“Solamente aquellos espíritus verdaderamente valerosos saben la manera de perdonar” (Laurence Sterne) Los sentimientos negativos le permiten ver el mundo desde otro punto de vista, pero no significa que le tengan que paralizar. Analice y saque una lectura positiva de su emoción y de su presencia.

Aproveche lo que le pueden aportar y, luego, desármelos. Hay muchas personas con miedo a ser felices. Hacen extrañas deducciones, como que si se entregan al placer recibirán un castigo. Cuando cometen un error se lo reprochan una eternidad, para tomar consciencia del tremendismo de lo que han hecho. Ser sufrido, negativo, sumiso… no es la pócima de la felicidad. Nadie le va a recompensar en otra vida por haber sufrido en esta de forma gratuita.

Atrévase a ser feliz y a tener recuerdos de esos que vale la pena almacenar.

 

 

“Patricia Ramirez”

y a tener recuerdos de esos que vale la pena almacenar.